Contentos pueden estar Choperas, Choperitas, Lozanos y Taurodeltas con su particular cruzada en pos del sacrosanto dinero tras haber dejado famélicas de calidad las primeras ferias del año. Por supuesto, en ésas anda otro de los clanes fetén del taurineo español como es la familia Canorea, esos señoritos del toreo andaluz que llevan en la plaza de Sevilla ni sé el tiempo y que siguen ahí por mandato divino y por lo siglos de los siglos amén.
Aunque dudo mucho que la divina providencia les haya dotado de imaginación negociadora y tampoco que les haya iluminado a la hora de confeccionar una feria tan gris y fea como la de este año, a tenor de los desaguisados, entuertos y componendas varias que han ido acumulando en las negociaciones y que han dejado el serial cojo, patizambo y bizco. ¿Las sumo?
Comencemos por una incapacidad de negociación sorprendente a la hora de contratar a José Tomás, figura muy querida en la capital del Guadalquivir. Diez años fuera. Y yo me pregunto que si se ha anunciado en Valencia, en Madrid o en Bilbao, pongamos por caso, por qué los gestores de Sevilla no han hecho lo propio al menos una vez en todo este tiempo. Pues por riles, porque este es mi cortijo y yo el amo.
¿Y Enrique Ponce? Tampoco han evitado que el valenciano se les cayera de unos carteles casi cerrados por vaya-usted-a-saber-qué-razones. Eso es capacidad de persuasión. Sí por contra, han demostrado una indolencia perversa a la hora de contratar a Perera al que ni siquiera llamaron porque así lo dicta el parte de guerra. Curro Díaz, triunfador de 2011, fuera. También por riles. Y por supuesto, y sobre todo, han tenido una imaginación desbordada para tocarle las pelotas a El Juli como jefe del G-10 excluyéndolo del serial cuando tras la puerta del Príncipe del pasado año merecía lugar de privilegio. A El Juli que le den y a los aficionados también. Claro que en el colmo del descaro, cuando falla Ponce, no convencen a Tomás y no cuentan ni con Perera, ni con Díaz, ni con el sursum corda, los tíos aún tienen la osadía de decirle al diestro madrileño que pelillos a la mar y que aquí no pasa nada, que a torear. Es de traca. Y luego dicen que los antis atacan la fiesta…




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