Día 5 de febrero

Apenas queda una hora para que me coloque la calzona y los botos para matar un toro a puerta cerrada en la plaza de Torreón. Es el sobrero que quedó de la corrida celebrada ayer y me va a servir para no perder el sitio por la inactividad y para entrenar algunas suertes con la capa y la muleta. Tiene mucha romana, esa es la verdad, pero es muy fino de cabos y es bonito de hechuras.

Diario de un sueño: Sergio Cerezos | Día 5 de febrero

Foto: Sevi

Lo vi el otro día junto al resto de la corrida en los corrales de la plaza. Siempre acometía y desafiaba a la gente que se asomaba por la barandilla del corral, lugar en el que siempre estuvo muy nervioso e inquieto desde que lo desembarcaron.

Sin embargo, hoy su actitud era diferente cuando me he asomado para verlo. Yo estaba solo y el permanecía echado, tranquilo y con la mirada apaciguada. Me he movido por el corral muy despacio para no soliviantarlo, para que permaneciera en ese estado y poder percibir su calma y transmitirme a mi la mía.

Es curioso pero el juego de miradas que hemos tenido ambos, en nuestra soledad, ha sido impresionante, una conversación intensa y profunda en la que por supuesto ninguno de los dos hemos pronunciado ni una sola palabra.

Pero en la primera conexión ya nos hemos retado. Le he visto el miedo reflejado en sus ojos pero también su desafío y la necesidad de combate que le provoca el instinto. Y en ese juego de miradas he tratado por todos los medios de no dejarle ver mi alma, de que su percepción no captara mi intranquilidad y sí mi superioridad. Ha durado más de diez minutos y al final he conseguido que reculara y se refugiara junto a la pared sin llegar a hacer un solo movimiento. En otras palabras, nos hemos medido y hemos calibrado nuestras fuerzas. Él me ha dicho quién es y yo me he presentado. Hasta creo que ha entendido que le había llegado su momento, el de demostrar la fuerza de su naturaleza y de su raza enfrentado a la muerte y ante mi.

Alguien podrá pensar que este juego es virtual, que todo esto suena a patraña pero lo cierto es que nos hemos entendido, nos hemos retado y nos hemos dicho con los ojos que la muerte es el final de la vida y que quizá hoy, uno de los dos la tenía firmada.

Gracias toro por enseñarme cada día un poquito mas de la vida.

Día 27 de enero

Estoy a punto de salir de viaje camino de la ganadería de Torrecillas, una finca con mucha historia en México, ya que Manolete la eligió en su día como “cuartel general” en sus temporadas americanas.

Diario de un sueño: Sergio Cerezos | Días 27 de enero


Tengo mucho interés por pisar ese lugar. Manolete es un mito y me emociona sentir desde mi corazón una historia que a cualquier torero le debe llegar al alma.

Vamos a Torrecillas a reseñar los novillitos para el festival que los chavales de la Escuela de Torreón van a torear este sábado 29 de enero y a elegir tambien un toro que voy a matar a puerta cerrada para prepararme.

Mientras he dispuesto mis cosas para viajar no dejaba de pensar en la paz interior que puede llegar a provocar la ignorancia, algo que yo ya nunca sentiré. Sin saber, quizá eres más feliz.

Cuento esto porque estoy muy cercano a todos estos críos que quieren ser toreros y por eso estoy tratando de enseñarles lo poco que sé. Y es que es inevitable, me veo reflejado en ellos, en su inexperiencia, en su ignorancia natural por no haber vivido aún lo suficiente y en esa maldita ilusión con la que todos los días cogía el tren para ir a la Escuela de Valencia a aprender las primeras nociones de tauromaquia.

Me gusta verlos entrenar y cómo juegan al toro aún sin saber los miedos que provoca. Exponer el bien más preciado que posees, la vida, te convierte en un héroe y ellos aún no saben de eso. Porque los toreros somos los últimos héroes, quizá por poner en juego nuestra existencia buscando un sueño. Somos puro idealismo.

Y pienso en Manolete, y en su historia trágica, y en su grandeza como torero y como hombre. Estos chavales saben que su leyenda comenzó en las astas de un toro que le quitó la vida pero eso lo ven muy lejano y muy ajeno a ellos porque aún son felizmente ignorantes. A veces me gustaría sentir esa ignorancia para volver a subirme a un tren que me llevaba directo a mis sueños. Hoy, esos sueños los estoy sufriendo y luchando, sabiendo que quizá se me queden por el camino.

Día 22 de enero

Hoy tengo una duda: ¿El fin justifica los medios?

Me desespera no saber contestar esta simple cuestión. Y alguien podrá pensar que la solución es sencilla. Pero no, que va. La mayoría dirá que eso es una barbaridad pero en estos días en los que no pasa nada en mi vida, en los que veo transcurrir el tiempo sin un leve acontecimiento que la modifique llego a pensar todo tipo de locuras. Porque tengo clara una cosa, cual es que unos nacen con estrella y otros estrellados.

Diario de un sueno: Sergio Cerezos | Día 22 de enero

Foto: Sevi

Y además de estrellados, tirados y quebrantados, además tienen una vida jodida y complicada. ¿Hablo de mi? Hablo de la injusticia que es inherente a la fiesta de los toros. Y no tanto porque a unos la suerte, su sino o su dinero les trate mejor, sino porque hay quien sin merecer un solo paseíllo por no haberlo luchado con desesperación y hasta furia, lo tiene en su mano porque sí, sencillamente porque la vida le ha puesto las cosas más fáciles, porque estaba de Dios que su camino iba directo a la cumbre o porque la sueste es casquivana y revoltosa y coloca sobre tus sienes los laureles de la gloria por capricho y antojo advenedizo.

Y confieso que me amargo pisando esta orilla del río en la que nunca hay peces mientras observo con envidia y rabia como al otro lado, tan cerca pero a la vez tan lejos, otros los cogen a capazos tirando la caña hasta con desgana.

Dijo alguien una vez que era preferible enseñar a pescar que dar pescado, por seguir este cuento en el que ando enredado. Pero qué sucede cuando tienes todos los conocimientos para que una trucha pique el anzuelo y nunca te entra porque tu pozo está alejado del mejor lugar, de ese caladero que rebosa de lustrosos pescados.

Por otro lado, me niego a resignarme porque el que se resigna pierde y ya no lucha contra corriente para encontrar ese gran lago azul en el que todo fluye y en el que los peces son multiplicados. ¡Milagro!

Aunque yo me había hecho una pregunta: ¿El fin justifica los medios? Os lo contesto a la gallega ¿Necesitamos engañarnos un poco para poder seguir teniendo ilusión? Supongo que este es el fin que justifica mis medios y estoy seguro que no pocas figuras en el toreo se habrán engañado a sí mismos para terminar triunfando. ¡Leed las barbaridades que se dijeron de Juan Belmonte antes de ser célebre!
Hoy os dejo este último pensamiento antes de marcharme a dormir en mi Torreón mejicano del alma: Si un hombre ha conseguido un sueño, qué impide a otro alcanzarlo.

Día 15 de enero

El fin de semana pasado fue especial. Los chavales de la Escuela de Torreón estuvieron en el rancho del maestro Arturo Gilio viviendo una jornada muy taurina que tuvo su momento especial al llegar la noche y a la luz de un fuego. El maestro, con el que compartía muchos pensamientos, les habló de un sinfín de circunstancias que rodean al torero y a las que hay que enfrentarse día a día.

Diario de un sueno: Sergio Cerezos | Día 15 de eneroPero hubo un momento que me llegó al alma. Fue cuando comentó como de chiquillo, alguien muy querido para él, le dijo que se dedicara a otra cosa porque no valía para ser torero, que vestir el traje de luces era más difícil que ser presidente y él no lo iba a conseguir. Gilió habló con sinceridad al decir que lloró en ese momento.

Lo que ocurre es que siguió entrenando y luchando hasta tomar la alternativa un 5 de febrero y cortar un rabo en la Plaza México. Aquella persona, querida para él, le abrazó tanto al terminar la corrida que aún lo recuerda y también recuerda que no le mereció la pena echarle en cara aquellas palabras que tanto daño le hicieron.

Escuchando al maestro yo también me vi sentado ante una persona que me hablaba, aún recuerdo el bar, de que esto no era para mi, que no perdiera el tiempo y sobre todo que no se lo hiciera perder a los demás. Yo era novillero sin caballos y me hizo tanto daño aquello que lloré de rabia pero en mi propia casa. Delante de él aguante los mil pinchazos, me tapé en tablas y por lo visto me fui vivo de allí porque pasados los años aquí estoy. Pero el golpe me caló muy fuerte y mi motivación desde ese momento fue demostrarle que se equivocaba. Recuerdo que me aferré en mis meditaciones a una frase que me ayudó mucho: “si te caes en la vida, solo de uno mismo depende levantarse. Solo de uno mismo es la decisión”.

Aún no he conseguido nada pero hoy soy matador de toros, algo que dijo nunca sucedería. No he vuelto a ver a esa persona y no le guardo rencor. Quiso joderme y creo que me hizo el gran favor de mi vida. Me dio una fuerza que hasta ese momento no tenía. Me dio amor propio, algo imprescindible para levantarse cuando andas herido en el espíritu.

Día 14 de enero

Ya me he dado cuenta de la razón por la qué, cada vez que regreso de México, me siento más valiente, o mejor dicho más metido en situación.

Diario de un sueno: Sergio Cerezos | Día 14 de enero

Foto: Sevi

En este maravilloso y contradictorio país suceden cosas inauditas, entre ellas, una que a un español le parecerá increíble: Las balaceras. ¿Qué son? Pues tiroteos a cualquier hora y en cualquier lugar de la ciudad.

La verdad es que muchas gentes viven traumatizadas por ello pensando que pueden caer en una de estas refriegas en las que una bala descarriada dé con ellos. He de reconocer que cuando llegué a México para torear como novillero la cosa me impresionó. La gente no hablaba de otra cosa y creo que me contagié de ese ambiente hostil que reina en las calles. Hoy ya no.

Lo que ocurre es que así no se puede ser feliz y por ventura de ser práctico pensé en aplicar mis pensamientos y disquisiciones sobre el toro a mi propia existencia. Siempre he dicho que el toreo es la vida. Por eso a nadie tiene que extrañar que también el toro tenga una respuesta para esto. ¿Recuerdan la frase “Cuando te toca aunque te quites o cuando no te toca aunque te pongas”?. Pues he aplicado esta frase a mi vida y paseo por Torreón con toda tranquilidad. Es verdad que nunca he vivido un tiroteo en persona pero no hace ni un par de días que escuché el primero desde que estoy aquí.

Estábamos jugando a fútbol. Comenzó el sonido de las balas a escasa distancia de donde jugábamos. El pánico se hizo con el ánimo de mis amigos pero yo, aunque pueda parecer un poco pedante, estuve muy tranquilo. Supongo que los toreros tienen asumida la existencia abrazada a un inevitable final, algo contra lo que ningún mortal puede luchar. En un chasquido de dedos te vas. Saber esto te hace más valiente en la cara del toro y más valiente en la vida.

Reconozco que la cosa hasta me produce morbo. Todos los días leo el periódico para enterarme si se ha producido alguna balacera. Hay infinidad y a veces pienso que ignoro dónde estoy.

Y luego hay otro pensamiento que me intriga. Y voy a recurrir a una letra de Fito y los Fitipaldi para hacerme entender: “Lo que admiro son las flores que crecen en la basura”. No digo que México sea una basura. Nunca pensaría eso de un país del que ya me siento parte, un lugar mágico y encantador. Digo que bajo toda esta violencia desatada siempre nacen flores, brotes que son personas dignas haciendo realidad sus sueños. Esa es mi meta en medio de toda esta vorágine y la de muchos otros que aspiran a estudiar, a trabajar, a tener un hijo o a encontrar una buena mujer. Todo esto me lo está enseñando México. Por eso le estoy tan agradecido.

Día 11 de enero

¿Qué le hace falta a mi carrera para que rompa en triunfo? Es muy fuerte lo que voy a decir, incluso tiene algo de trágico este pensamiento, o directamente es que estoy loco de atar. A pesar de todo sé que es necesaria una prueba última de valor para seguir avanzando. Creo que me hace falta una cornada.

Diario de un sueño: Sergio Cerezos | Día 11 de eneroEs duro decirlo pero es la pura realidad. Si por los agujeros de las heridas dicen que se va el valor, quiero comprobar cuánto tengo dentro y cuánto se me puede ir. Si lo pienso bien sólo trato de poner a prueba  mi capacidad y los arrestos que tengo para conseguir mi triunfo y lo que es más importante: cuánto puede durar instalado en él.

Lo pienso muchos días y me mentalizo para que en el momento que llegue lo pueda llevar bien. A mi me dan pánico las jeringuillas, así que la idea de que me llenen de tubos me pone a morir. Pero hay que preparar la mente hasta en este tipo de cosas, esperando que cuando llegue se tome como algo natural, algo que forma parte de este monumental lío. Es la única forma de que la cornada se quede en el lugar donde fuiste herido, diluyéndose en la memoria. Por eso me preocupa desarrollar un excesivo instinto de autoprotección  Eso es nefasto para un torero. Sólo un fugaz relámpago de este pensamiento en la cara del toro es perder la pelea y el tiempo.

Día 9 de enero

Otro día más. U otro menos.
Sigo pensando constantemente después de haber toreado hace unos días en Durango. Sobre todo en cómo hacer que cambie esto, que esta monotonía un tanto diferente de México, menos ahogadora que en España, se esfume.

Diario de un sueño: Sergio Cerezos | Día 9 de enero

He ido a Vallarta porque toreaba un amigo de Torreón que es novillero. No se le vio. No es fácil estar siempre a un buen nivel. Estuvo falto de entrenamiento y eso no se lo puede permitir un torero. Hay que sentirse siempre capaz y con poder, fuerte de cuerpo y de mente.

Hoy he estado con los chavales de la Escuela de Torreón y les he hecho entender que este juego del toreo no lo es, que las oportunidades siempre son escasas, que esta vida requiere de una lucha extenuante y diaria en la que hay que poner todo, absolutamente todo. Y como dicen los boxeadores: los combates se ganan en el gimnasio y no en la lona.

Les he hablado también de frustraciones para que entiendan que esta lucha debe hacerse desde el convencimiento pleno de su propio triunfo y sin escatimar ni un solo suspiro en busca de él. El hombre, ya no el torero, nunca debiera preguntarse, pasado el tiempo, si realmente hizo todo lo posible para conseguir su sueño. La frustración es la duda.

Aparte de todo he de confesar que me gusta mucho verlos entrenar. Me gusta ver esas miradas de inocencia, de no saber a qué se van a exponer. La ignorancia es preciosa. La añoro mil veces al día.

Día 2 de enero

Tardó en llegar y se pasó volando…
Tanto esperar, tanto entrenar, tanto sufrir… para que en apenas un rato tantas ilusiones se vayan volando con el mismo vendaval que sacuidió la plaza toda la tarde.

Diario de un sueño: Sergio Cerezos - Día 2 de enero

Llegué a Durango a eso de las once de la mañana, el viento estaba calmado, cosa rara en estas fechas y en esta ciudad, pero por primera vez percibía que algo bueno se aproximaba. Las cosas iban bien, y estaban rodando correctamente, solo pequeños detalles desde que me desperté esa mañana… pero pequeños detalles que hacen que ese mismo día lo afrontes con tranquilidad y buena vibración.

Mientras comía me dieron la noticia del lote que me había tocado en suerte. En principio me pareció muy bueno. Era un lote en el que iba uno de los toros más fuertes y uno de los que menos. Me tranquilizó, incluso seguí comiendo. Tenía confianza en que seguían sucediendo cosas buenas y organizadas en el día y se presagiaba algo bueno.

Pero llegué a la plaza un poco tarde. Algo ya empezaba a fallar pero ni importancia le di.

En el hotel hice lo de siempre: hacerme la silla (que casi siempre me la hago yo), y sentarme durante unos minutos en la esquina de la cama, asimilando o intentando asimilar donde me encontraba. Y en la situación en la que estaba.

Como por telepatía, me llamó por teléfono mi madre y mi tío desde España. Más nerviosos que yo. Los pobres saben de todo lo que se pasa hasta llegar a esto… y viven con la impotencia de no poder estar a mi lado.

El rato de tiempo lo pasé leyendo y viendo una película que casi siempre me pongo antes de torear. En ciertos aspectos me motiva, me ayuda a ubicarme en la inminente batalla y a saber afrontarla mucho antes de que suceda.

Al llegar a la plaza tuve una sensación que me llenó de grandeza. Ya estuve en esta plaza hacía tiempo en un tentadero público y conocí a los chavales de la escuela. Entonces me llamaban matador. Este día al llegar a la plaza, me llamaron maestro. Madre mía, nada menos que ¡maestro! Cuantos años e sufrido solo por un día, y sentir la sensación de escuchar esa palabra hacia mi persona y con el respeto y la inocencia de unos niños desconocedores de cualquier entresijo taurino y de una lucha sin tregua, solo escuchar eso, me hace estar orgulloso de lo poco logrado.

La tarde fue pasando. Por los chiqueros salieron 6 toros prácticamente infumables: mansos, con peligro, desarrollando sentido durante la lidia, quedándose en los tobillos… apenas uno se dejó torear medianamente a gusto, al que Ochoa supo entender perfecto, y después de un espadazo cortar (o mejor dicho) arrancar dos orejas.

Mi segundo toro fue protestado por chico. La gente se me puso en contra sin yo tener culpa ninguna. Lo devolvieron y sacaron un reserva que había…

La gente ya ni le interesaba lo que sucedía en la plaza. Entre el frío y los toros, se empezaron a marchar. Mi lidia del último toro parecía que era un tentadero. Un murmullo continuo sin el más mínimo interés por lo que en la plaza sucedía.

Al igual que los demás, a pesar de ser de otra ganadería, ese toro pareció contagiarse por las ideas de los anteriores y fue más de lo mismo. De tablas a tablas sin entregarse. Si empujó en el caballo, pero en la muleta se rajó… y nada que hacer. Ni dejar pegar un arrimón. El toro quería su sitio.

Entre toro y toro solo pensaba en “el por qué”. Con la falta que me hacían las orejas para poder pedir toros… me tenía que pasar esto, por qué, por qué…

Frustrado a más no poder, no me queda más que resignarme.
Casi con lágrimas en los ojos llegué al hotel. Seguía pensando en el por qué me tenían que pasar estas cosas… toda la mentalización, fruto de la necesidad de las penurias, y de todo, no me han servido para nada.

Ya todo había pasado.

Una vez más pienso que esto no es para mi. Que es muy difícil y se necesita mucha ayuda, que completamente no tengo.

No se puede correr un premio de GP de motociclismo con una vespino, aunque puedas tener las mejores cualidades para ser piloto.

Quise una vez más tirar la toalla. Una toalla más que usada ya.

Como siempre los amigos me animaron a que esto es así, que salen tardes malas. Lo sé. Solo no encontraba explicación de “el por qué”… cuando tanta falta me hacía para poder torear más.

Ya en Torreón, de vuelta a entrenar. A perfeccionar errores que siempre los hay. A intentar organizar una pequeña continuidad toreando y ver cómo puedo hacer para encontrar festejos. Solo toreando de salón, ni se hace un torero, ni te paga nadie nada. Esa es la preocupación.

Con la vista puesta en el 4 de marzo, intento seguir teniendo la misma ilusión. Difícil, pero bueno. Ya estoy tan acostumbrado a perder, que cuando gano me enfado… ¿será que así es mi camino?

Día 30 de diciembre

Hoy es jueves día 30. He viajado a Durango para un par de entrevistas en dos periódicos y en un informativo, algo imprescindible pero a la vez innecesario si no va acompañado el día 1 de un par de cojones para echarlos en la cara del toro.

A las cinco de la madrugada hemos salido hacia Durango. Me acompaña un chico de Torreón que quiere ser torero. ¡Nada más y nada menos que torero…!

También viene su apoderado.

Después de la primera entrevista hemos ido a la plaza. Tenía interés por ver la corrida. Así me suelo quedar mas tranquilo, aunque esta vez no ha sido así. Había dos toros con unos 500 kilos de peso, muy bien rematados, con cara y mucha agresividad en su mirada que no paraban de retar.

Por otro lado, he vivido una vez más esa sensación a la que casi nadie le quiere llamar miedo, el famoso miedo del que hablaba Juan Belmonte y del que intentaba escapar hablando en sueños con una compañera a la que no quiero nombrar.

Mientras mirábamos los toros, el Tiki, que así se apoda mi amigo novillero, ha dicho unas cuantas veces que ya tenía ganas de ser torero para enfrentarse a esos animales. Estaba muy feliz y emocionado. Pero le he mirado a los ojos y con sinceridad, viéndolo tan alegre, le he dicho que hablaba así porque dentro de dos días no tenía que matarlos. Le he notado pensativo durante un minuto.

Desde ese momento ya no he parado de hablar con mis dos amigos hasta regresar a Torreón en el coche. Lo hago porque no quiero pensar. Quiero que pase el tiempo muy rápido y estar ya en la corrida.

Tengo también otra cosa en la que pensar. Esta Nochevieja la pasaré solo y a 10.000 kilómetros de mi casa, de los míos, de lo mío… Extraño todo y me está saliendo una vena sensible quizá impuesta por la lejanía, a la que no quiero hacerle mucho caso. Lo que tiene que ocurrir es que el sábado pasen cosas en la plaza para que me empiece a cambiar la vida.

Para acabar solo recordar una frase que me viene ahora a la mente, un fragmento de una canción titulada Novillero. Dice así: “Torero, quien sabe si el precio del triunfo lo pague tu vida y tu sangre…”

Día 27 de diciembre

He llegado a Torreón. Vuelvo después de varios meses y parece que nunca me fui de aquí. He encontrado casa. Me dije que nunca me volvería a pasar lo de dormir tirado en un colchón y en una habitación en la que mi única compañía era el eco. Esto me ocurrió la temporada pasada toreando novilladas por todo el país. Por cierto, hablan de las penurias de España y creo que mucha gente debería viajar más para darse cuenta de cómo están las cosas en otros lugares.

Nada más llegar me han mostrado la corrida que tengo que matar el día 1 en Durango. Entre bromas me han comentado si me asustaban sus hechuras y que cómo la veía. He contestado que la veía única. Se han sonreído, ya que no tengo muchos contratos firmados.

Por otro lado, he notado sensaciones nuevas en el trato con la gente de este maravilloso país. Creo que me muestran otro respeto, o mejor dicho, respeto, seguramente por ser matador de toros. De novillero, uno pasa más desapercibido y no tiene la consideración de determinada gente. No he de esconder que esa sensación me gusta.

Hoy he comenzado a leer un libro que me recomendaron en España. Su título es “Nacido para morir” y habla de los orígenes humildes de Paquirri y su increíble sacrificio para llegar a lo más alto. Creo que me ha de servir como motivación. El toreo es una carrera larga y llena de obstáculos. Sé que es casi imposible llegar a la meta pero creo en mi y la entrega total a este sueño ha de tener su fruto. Estoy convencido.

Por otro lado y aunque estoy acoplándome a horarios, me preocupa el hecho de que no haya toreado apenas en el campo antes de la corrida del sábado. Intento hacerlo mentalmente a diario y por supuesto entreno de salón. Eso me hace sentir cierta fortaleza mental para prescindir de la suerte cuando esté en la cara del toro. La suerte es el último recurso de un torero. Y tengo otro tanto a mi favor: La necesidad. Ella sí me tiene toreado.

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