Toros
Francisco Belmonte
09 de Agosto, 2010
Y es que el nombre de Felipe II y su arquitecto Juan de Herrera, unidos ambos en tan magna obra, son mucha enjundia contenida para que ésta no impregne los frondosos alrededores y las bellas vistas que sostiene sobre sus lomos el cortijo Wellington, la casa ganadera de unos toros evocadores de un grandioso pasado imperial.
Y en ese aire regio debieron también respirar los grandes toreros que siempre lancearon sus embestidas. Entre ellos, Su Majestad “El Viti” fue el primero y su más fervoroso entusiasta. Mató gran parte de las camadas de aquellos míticos
años sesenta, y lo hizo en unión de otro gran torero de su tiempo, Paco Camino, quien influyó no poco en la exitosa evolución de una sangre que ha elevado su categoría a la de encaste propio: “Baltasar Ibán”.
Y lo curioso es que hoy las figuras desprecian estos toros quizá por su brío, por su bravura o por su casta vivaz e impetuosa. Así es hoy la tauromaquia.
Majestad, Imperio, Wellington, “El Viti”, Juan de Herrera… Mucha grandeza unida en el rastro de estos magníficos toros.
No hay lujos ni alharacas en las dependencias ganaderas del cortijo Wellington, ni siquiera en la casa de los ganaderos, que mantiene cierto sabor en el mobiliario y en la decoración a aquellos años sesenta que fueron el origen de su grandeza. Entre esos muebles con aire “yeyé”, se entrelazan recuerdos toreros que evocan historias unidas a esta casa ganadera. Un vestido de Palomo Linares, una camisola ensangrentada de El Cordobés o la cabeza de “Bastonito”, aquel mítico toro que le resolvió la vida a Cesar Rincón una tarde de Madrid. Todo presidido bajo el retrato del ya desaparecido Baltasar Ibán.
Otro sabor más campero tienen, eso sí, los cercados de la finca, que envuelven una extensión cercana a las 700 hectáreas dedicadas con exclusividad al toro y ubicadas a los pies del madrileño puerto de Guadarrama.
Cercados construidos en piedra y parcelados casi de manera milimétrica para que la estancia de los animales sea cómoda. Y es que nada menos que 900 cabezas pastan en esta tierra.
De esas novecientas reses, catorce sementales proveen de bravura y casta las 200 vacas de vientre con las que sigue fraguándose un hierro muy exigente con sus productos, ya que apenas el 20 por ciento de los animales sometidos a la inexorable tienta pasan el examen. Entre ese mare magnun de animales, ocho toros ya están apartados para quién sabe qué plaza. Las fundas de los pitones aún preservan de cornadas a los hermanos de camada. Un toro burraco apunta maneras para romper en éxito la tarde. Lo apuntamos.
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Francisco Belmonte
04 de Junio, 2010
Durante siglos los rebaños surcaron nuestro país, de sur a norte y de norte a sur, haciendo de la primavera la estación más larga del año. Si en el florido mayo el ganado abandonaba los prematuros calores de Andalucía y Extremadura para buscar verdes frescores en el norte peninsular, en noviembre el camino se desandaba con la intención de asegurarse mayores templanzas invernales.
Ese continuo trasiego de hombres y ganado, que sin duda contribuyó a dotar de signos comunes de identidad a todas las tierras de España, tuvo su origen legal con la creación del Honrado Concejo de la Mesta, del que se tiene primera constancia documental en tiempos del rey Fernando III El Santo.
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Francisco Belmonte
04 de Junio, 2010
Al margen de consideraciones de tipo cultural, económico, histórico o artístico que permitan justificar la pervivencia en el siglo XXI de un espectáculo tan venerado a la vez que maldecido como es la fiesta de los toros, existe un aspecto muy puntual y casi inapreciable que nunca es suficientemente ponderado por los detractores del espectáculo taurino a la hora de enjuiciarlo: Su carácter ecológico, o dicho de otro modo, su innegable aportación al sostenimiento y preservación del medio ambiente. Y no es tanto por el hecho de que el toro de lidia sea un animal cuya exclusiva razón de ser venga dada por su protagonismo en las plazas, de las que desaparecería a la vez que de toda la faz de la tierra si la tauromaquia fuera finalmente desterrada, con el consiguiente perjuicio ético que acarrearía el exterminio de una especie animal eminentemente bella, – hay que ser muy ingenuo e ignorante para no entender que la crianza de un toro de lidia per se es costosísima en medios humanos y económicos- sino por su increíble contribución al mantenimiento y desarrollo de grandes extensiones de campo libres de la presión y el desarrollo humano.
Entremos a analizar el hecho. La Junta de Andalucía ha gastado 7.780 millones de euros para la preservación del lince ibérico, especie que desgraciadamente anda amenazada de extinción, en una finca del sur de España cercana al embalse de los Melonares. Nada menos que una red de trescientas cámaras fotográficas vigilan minuto a minuto su existencia para hacerla más provechosa. Leen bien, 7.780 millones de euros para silenciar el monte apartándolo del infernal ruido de la modernidad y para guarecerlo del mayor depredador que se pasea ufano y todopoderoso por todos los rincones del planeta: el hombre. Ese es el esfuerzo económico que requiere el lince para multiplicar su especie en el futuro. Pues bien, traslademos ese coste económico dedicado a la preservación del medio natural y al fortalecimiento silvestre del entorno del lince, y lo asimilemos a un hecho constatado desde generaciones como es la crianza del toro de lidia, un animal que exige un esfuerzo económico aún superior al del lince por sus especiales características. Los datos que surgen pueden abrumarnos.
En régimen de extensión
En primer lugar habría que dejar claro que un toro de lidia necesita entre una y seis hectáreas como espacio vital que permita su desarrollo, tanto para obtener alimento como para crecer en perfecto equilibrio con la naturaleza. El toro bravo, a diferencia del manso que puede permanecer estabulado, vive en régimen extensivo para facilitar su imprescindible ejercicio, de lo contrario se deterioraría físicamente y no sería útil al espectáculo. Por ello, la superficie media de las fincas dedicadas a la cría del ganado bravo en España ronda las quinientas hectáreas por cada una de ellas. Los números comienzan a abultarse. Sumemos a todo ello que en la actualidad hay fundadas cuatro asociaciones distintas dedicadas a la crianza del toro de lidia: Unión de Criadores de Toros de Lidia, Asociación de Ganaderías de Lidia, Asociación de Ganaderos de Reses de Lidia y Agrupación Española de Ganaderos de Reses Bravas. Es de reseñar que tan solo de la primera de estas entidades se tienen registradas 528 fincas que ocupan una extensión total de 300.000 hectáreas en lugares tan diversos de España como Castilla-La Mancha, Castilla-León, Andalucía, Extremadura, Madrid o Murcia, extendiendo el toro su influencia a ecosistemas tan distintos como la dehesa, el monte o la marisma. Hay que tener en cuenta que 300.000 hectáreas es lo que ocupa la provincia de Álava.
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Cultoro
02 de Junio, 2010
Cruzarse al pitón contrario es uno de los conceptos técnicos más tratados durante la faena, y que como muestra la historia, que más han hecho evolucionar al toreo.
Cruzarse es la acción que supone colocarse delante de la cara del toro justo enfrente de la testud, y adelantando la posición hacia el pitón que queda por fuera, ese llamado pitón contrario.
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Dicha acción supuso todo un descubrimiento, atribuido a Juan Belmonte, el cual avispadamente se percató de que los toros, al cruzarse, se desplazaban hacia afuera y no le cogían. Por contra, quedarse al hilo del pitón suponía que el toro se podía vencer al cuerpo y era necesario apartarse, ya que el toro no hacía por el engaño.
Este descubrimiento, al que algunos ya indican que El Espartero y Antonio Montes lo conocían, pero al cual Belmonte saca mayor provecho, supone servirse de las condiciones visuales del animal conociendo sus puntos débiles en la forma de percibir la visión.
Así pues, el toro al ser un animal herbívoro tiene los ojos situados en los lados, y a su vez, como debe de tomar el pasto del suelo, su visión está orientada hacia abajo, dando lugar a un punto muerto al frente, donde el toro no ve. Este punto es enfrente de la testuz, y donde al adelantar la muleta al pitón contrario, es esta tela lo que el toro ve por el ojo de ese lado, abriendo su trayectoria de forma tangente. Por el contrario, quedarse al hilo del pitón, supone quedarse dentro del campo de visión del animal con mayor peligro para la integridad del torero, y una de las causas por las que suelen llegar la mayoría de cornadas.
Atendiendo a esta condición visual del toro, se podría afirmar que cuando un torero se cruza, se defiende, y que cuando un torero se queda al hilo del pitón expone al máximo su integridad. Asimismo, el cruzarse supuso que Belmonte pudiera quedarse muy quieto en su toreo, en detrimento de lo que suponía a los otros toreros quedarse al hilo.
Pero, además de geometría, el toreo es también arte y sentimiento. El toreo debe de trasmitir, llegar al aficionado y cosquillear el alma del tendido. Por esta razón se inventó el ligar los pases, aportación que se atribuye a Chicuelo, en la faena al toro “Corchaíto” un 24 de mayo de 1928 en Madrid.
Así pues, tenemos las dos bases más importantes en las que se sustenta el toreo de nuestro tiempo, impulsadas por Joselito y Juan Belmonte, pero que es Manolete quien verdaderamente las lleva a su máxima capacidad.
Pero técnicamente, el torero solo puede quedarse cruzado en el primer cite, ya que luego es imposible físicamente poder hacerlo si se quiere ligar los pases. Momento donde el torero se queda al hilo del pitón, mostrando su verdadera capacidad para llevar al toro en la muleta. Pero no solo es importante la capacidad del torero, si no también la embestida del toro, ya que si no repite el animal en su embestida, el torero se queda fuera de cacho, afeando su colocación y desdibujando el toreo que se busca.
Normalmente cuando se realizan varios pases cruzándose el torero de forma seguida, son motivados por la nula repetición del toro, y por lo tanto, no se pueden considerar como toreo ligado.
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admin
01 de Junio, 2010
Toros para niños
Con el asesoramiento de personal docente en el campo de la educación, y por aficionados y profesionales taurinos, busca un planteamiento fácil de comprensión para los niños, y así abordar la tauromaquia de manera natural, sana y entretenida.
El trabajo aborda el citado propósito a través de pequeños relatos sobre los aspectos más interesantes de la tauromaquia, haciendo incapié en la crianza del toro bravo en el campo.
También se incorpora una serie de juegos y entretenimientos para fomentar el desarrollo de la imaginación del niño, así como se han sentado también las bases para el estreno de una película de animación en los próximos meses.
La ecología y amor por los animales, el esfuerzo para conseguir los sueños y el propio divertimento, son los pilares donde se asienta este singular proyecto.
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Cultoro
01 de Junio, 2010
Toro Imaginario
Reúne en una treintena de páginas la original manera de contar la vida de un toro bravo, desde que nace hasta que muere en la plaza, a través de pequeñas esculturas realizadas a partir de viejos objetos y materiales recuperados.
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