Reportajes
Cultoro
15 de Noviembre, 2010
Ortega llegó a decir que no puede comprender bien la historia de España, desde 1650 hasta hoy, quien no se haya construido con rigurosa atención la historia de las corridas de toros en el sentido estricto del término, de ahí que haya profundizado en aspectos tan diversos de este mundo como el toro y su embestida, la gran historia, la configuración y evolución del espectáculo o incluso en perfiles tan concretos del toreo a pie como la geometría en la faena de un espada –“el diestro es la vertical; el toro la horizontal”-, o incluso en los movimientos que a lo largo de la lidia desgrana el torero.
Recalemos en estos dos últimos recovecos de su pensamiento para dar una idea global desde la parte. Sobre las líneas que hacen del toreo un ejercicio matemático escribió que “de ese axioma –el diestro es la vertical; el toro la horizontal-, se deriva con la habitual evidencia matemática este puro teorema: en la medida en que la horizontal sea más corta, por serlo absolutamente o porque una mayor velocidad la contraiga, la horizontal se va asemejando a la vertical y el toreo será más difícil”.

Pero ¿y sobre los movimientos de un espada durante la lidia? El gran maestro escribió que “el extranjero que asiste a una corrida no puede advertir que los movimientos del torero, además de estar regidos por la necesidad de defenderse y obtener lo que se propone de la res, se ajustan a ciertas normas rigurosas de coreografía. Siendo las corridas de toros de origen popular, los andares, posturas y gestos del torero son la proyección espectacular del repertorio de movimientos que los hombres de su comarca ejecutan en su vida cotidiana. Ahora bien, había en el pueblo español dos repertorios de movimientos que aún en su ejercicio cotidiano tienen ya una primera estilización: eran los modos de moverse y gesticular propios al hombre vasco y al hombre andaluz. En la moción y ademán del vasco se advierte como principio de ángulo, el zigzag y predominan los movimientos rápidos. Pueden todavía observarse en cualquier momento, pero más claramente en los bailes de aquella tierra, el aurresku, por ejemplo, adonde han pasado de la calle y de la sidrería. En los movimientos del hombre andaluz nada es anguloso, sino, por el contrario, es su principio la línea curva, el desarrollo redondo o elíptico, que con frecuencia se complace en relativa morosidad voluptuosa”.

Continua Ortega diciendo que la causa de determinado empaque a la hora de afrontar la embestida de cualquier clase de toro tiene su base en las posibles reacciones de los mismos, más radicales y veloces si se trata del toro navarro, de ahí que surjan suertes como el quiebro o el lance a la navarra, más cercanas al toreo épico que determina el concepto norteño de la faena; y más reposadas y de más combinada arquitectura cuando se trata del toro andaluz, más corpulento y con mayor trayectoria y desarrollo en la embestida –toreo estético o del sur-.
Para quien quiera profundizar de verdad en la tauromaquia y en sus aspectos más intrincados, sin duda debe analizar las palabras del filósofo José Ortega y Gasset. En su libro “La caza y los toros” se hayan muchos de los secretos que esconde este joyero de innumerables recovecos que es la tauromaquia, secretos que son necesarios desvelar para enjuiciar con justicia la pervivencia de un espectáculo que es vida y muerte y que atañe a la propia existencia del hombre, a su sentido heroico de la vida y al perfil estético sin el que es imposible ser feliz.
Publicado en Reportajes, Toros | Sin Comentarios »
Cultoro
08 de Noviembre, 2010
Marco su número de teléfono.
- ¿Don Eduardo Miura?
- Sí, ¿Quién es?
- Soy Francisco Belmonte, de CULTORO. Hemos quedado para un reportaje.
- Muy bien, abra usted la cancela y siga el camino hasta el cortijo.
La verdad es que uno, que ama esta fiesta por encima de las muchas componendas negativas que la afean, siente cierto punto de emoción contenida al tomar con la mano la mítica cancela de Zahariche y abrir de par en par las puertas de la ganadería de Miura para adentrarse en un pedazo de historia del toreo, que inevitablemente ha trascendido éste para formar parte de la propia historia de España. Así ocurrió en su día con Islero, que marcó todo un tiempo de posguerra nacional al llevarse la joven vida de Manolete, o con El Espartero, Pepete o Dominguín, grandes figuras del toreo de su tiempo que perecieron en las astas de animales nacidos y criados en esta dehesa sevillana, y que dotaron de un matiz trágico inevitable, y quizá injusto, todo aquello que después tuvo que ver con el nombre de esta casa ganadera.

Y es que el chirriar lento de las bisagras que soportan la cancela miureña, o posiblemente la contemplación perturbadora de esos tres troncos silenciosos a modo de puerta, coronados con las calaveras de dos reses muertas, dotan al lugar de un halo dramático y fatal, pero también sobrio y serio, que define la actitud de los toros que después paseamos en la dehesa.
Es evidente que no es una ganadería más. La historia, los sucesos, las vivencias intensas se adivinan en todos los rincones del cortijo, en la sencilla plaza de tientas, en las caballerizas y en los cercados que en otro tiempo pastaron otros toros, los legendarios Urcolas ya desaparecidos.
Toros con poder y sentido
La finca de los Miura impone ante todo respeto, como sus toros, y miedo a no pocos toreros que según nos refiere el ganadero llegan más blancos que la can a tentar eralas en los inviernos. En eso algo tiene que ver la definición que de ellos dio Belmonte: “Esos toros son poder y sentido”
Pero la historia de esta ganadería también está jalonada de toros bravos, de grandes gestas toreras, de tauromaquia épica, de faenas importantes que marcaron el ritmo de la Fiesta, como aquella del propio Juan Belmonte en Sevilla al toro Rabicano en 1914, aquel primero que “se dejó” tocar las astas, cosa que entristeció profundamente al ganadero.
En Zahariche, que ocupa 600 Hectáreas del término municipal de Lora del Río (Sevilla), pastan alrededor de 550 reses de lidia, entre machos y hembras, pero también caballos de pura raza española y otros de raza anglo-árabe marcados con el segundo hierro de la casa, una T invertida, que también se coloca a los cabestros.
Es evidente que Miura es el toro, el caballo, es campo y Andalucía, pero sobre todas las cosas es una tradición familiar que impone a sus miembros unos modos de vida y unas costumbres inalterables.
Los propios ganaderos actuales, Antonio y Eduardo, son gente de campo que vive y trabaja en la propia finca y que siguen unos criterios de selección idénticos a los marcados en su día por su abuelo Antonio, que fue el que dotó al hierro de las bases con las que se ha regido hasta ahora.
En Zahariche, todos los erales se acosan en el campo, todas las vacas se tientan en la plaza, todo se anota para evitar problemas como el de la consanguinidad o el de la falta de fuerza. Hay rigor absoluto en la vacunación y en la alimentación, incluso tientan los hijos de toreros que a su vez tentaron como Pepe Luis Vázquez, que es el diestro que más toros de este hierro ha matado nunca… Hasta trabajan los hijos de los vaqueros que fueron empleados de la casa en otro tiempo. Todo está engarzado eslabón por eslabón al origen de la ganadería, por eso estos toros parecen de otro tiempo y tienen reacciones de otro tiempo; eso sí, ahora mucho más matizadas.
Víctimas mortales de los Miura
20-04-1862. Madrid. José Rodríguez Pepete murió en las astas de Jocinero. Pepete era tío abuelo de Manolete.
23-05-1875. Madrid. El banderillero Mariano Canet Llusío fue muerto por el toro Chocero que a punto estuvo de arrancarle el cuello.
27-05-1894. Madrid. El toro Perdigón se lleva la vida de Manuel García El Espartero.
15-07-1894. Sevilla. El puntillero Manuel Sánchez Criados muere en las astas de la vaca Beata.
07-10-1990. Barcelona. Domingo del Campo Dominguín muere a manos de Desertor.
18-08-1907. Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Agujeto da muerte al novillero Fausto Posada.
15-08-1921. San Sebastián. El toro Arruceto mata al banderillero Emilio Moreno Moreno de Valencia
21-05-1929. Écija (Sevilla). Resulta muerto el novillero Pedro Carreño.
28-08-1947. Linares (Jáen). Islero hiere de muerte a Manuel Rodríguez Manolete.
Publicado en Reportajes, Toros | Sin Comentarios »
Cultoro
25 de Octubre, 2010
La cosa empieza mucho antes, a eso de las once de la mañana. A esa hora se acercan los del castoreño al patio de cuadrillas para sortear caballos y para comprobar el estado de las puyas, que ellos mismos suelen montar utilizando un periódico como tope entre la madera y el hierro de la puya al que inevitablemente siempre se le hurta la misma página: las esquelas. En torno a ellos se genera el runrún habitual de un día de corrida
Al tiempo, ausentes del hecho, los aficionados se mueven por el patio con la misma aparente desorientación de un hormiguero. Mira, ese es fulanito, y ese el apoderado de… Hay que informarse, saber qué y cómo, conocer los detalles necesarios para entender las claves del festejo. La llegada del mayoral de la ganadería se hace entonces fundamental. Él es el verdadero protagonista de la mañana porque sabe a la perfección quien es quien en su casa, qué toro tiene una historia oculta o qué reata trae. Por eso los hombres de confianza del matador, los que luego han de sortear los lotes en la soledad de un cuarto en penumbra, lo buscan con avidez. En ello va la suerte, y la muerte…
Y bajan con él al nivel de los toros, los miran , los mueven, los azuzan para que un gesto de listeza los delate, para que sus hechuras canten la línea familiar, la de aquel toro tan bonito y noble que nos salió en vaya-usted-a-saber-qué-plaza.
Los lotes están hecho. Dos, dos y dos. El astifino para sobrero. Hay acuerdo. Sorteamos.
Un sombrero cordobés contiene las tres papeletas con los seis guarismos reseñados en la piel de los animales. Apenas quince personas caben en la estancia: La autoridad, el mayoral, los toreros y algún testigo presencial que con suerte se ha colado.
Silencio, señal de la cruz, besos a la medalla, madera, hay que tocar madera y más silencio. Sale prendida la papeleta en la mano del torero y se escucha en voz alta:
- “45 y 72”.
Un gesto de contrariedad o agrado inunda el rostro de los presentes.
- El más feo lo echamos por delante -dice el peón de confianza-.
Y así, otro lote y otro… Para entonces las mangas de los corrales ya están despejadas y los cabestros preparados. Es la hora de enchiquerar. Los toros desfilan uno a uno buscando la puerta trasera de los toriles, la que probablemente ya no volverán a cruzar. El toro entra silencioso en la oscuridad del chiquero. Los operarios apenas se mueven.
- ¡Ooh, ooh, ooh, mira bonito…!
El toro entra en su cubil y el blam de la puerta al cerrarse pone un signo de interrogación en los presentes. Toda la corrida encerrada, todo preparado. Sólo cabe ya rodear con la mano una copa de vino y charlar, charlar y charlar hasta las cinco en punto de la tarde.
Publicado en Reportajes, Toros | Sin Comentarios »
Cultoro
13 de Octubre, 2010
Homenaje a Manolete en el restaurante Lhardy. Madrid 11 de diciembre de 1944 (Archivo Lucio de Sancho)
No era la primera vez que los intelectuales españoles rendían admiración a un matador de toros, no en vano, Juan Belmonte y su toreo preñado de patetismo y tragedia, fascinó a Ramón María del Valle Inclán –Juan, sólo te queda una cosa para ser perfecto: que te mate un toro en la plaza- y a gran parte de la generación de literatos del 98 como Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala o Eugenio D’Ors, entre otros.
Sin embargo, esa noche en especial, pues nunca hasta entonces había sucedido con otro torero, Manolete fue protagonista de una ceremonia en el restaurante L’Hardy de Madrid perfectamente diseñada para confirmar en los altares de la intelectualidad al toreo, a la fiesta de los toros y al arte de torear.
Manolete en el patio de su casa de la avenida de Cervantes en el día de la Fiesta de la Banderita. Córdoba, 1944. (Archivo Ricardo Rodríguez, propiedad de Caja Sur)
La cena fue convocada por destacados personajes del mundo artístico español como Edgar Neville, Joaquín Calvo Sotelo, José María Pemán o Camilo José Cela, entre otros. La noche estuvo cargada de simbolismo. Los más de veinte comensales, entre ellos poetas, escultores, pintores o músicos, asistieron a la cena con smoking, dando al evento la entidad y trascendencia que merecía. La idea general del acto la podríamos definir en apenas unas palabras: Te invitamos a ser nosotros y reconocemos el arte de torear con la misma categoría estética que otras Bellas Artes.
Se dieron loas a la tauromaquia, se cantaron las grandezas del torero e incluso se leyeron textos emocionantes que debieron ser repetidos por la intensidad con la que fueron acogidos por los presentes. Así ocurrió con las palabras de Agustín de Foxá: “Yo saludo al torero más valiente del ruedo, saludo al abanico difícil de tu izquierda que hace al toro satélito, luna de tu oro antiguo, con órbita de estrellas. Yo saludo en ti a Córdoba, olivares y ermitas, surtidor de odaliscas, hoy cubierto de tierra, que te dio esa elegancia de califa sin trono, de almanzor que no vuelve, que es desdén y nobleza…”
Manolete se había presentado al acto vestido de corto negro, con camisa de chorreras. Vino a decir: yo soy vosotros pero en mi creación hay algo más: la muerte verdadera, por lo tanto me diferencio en un matiz que me hace distinto. Uno de los presentes escribió aquella noche simbólica tan trascendental para la Fiesta lo siguiente: “Y en los ojos de Manolete, que sentía la emoción del instante, asomaron lágrimas, que el torero secó con el puño de su manga. La sencillez de la escena, su entraña misma, su espontaneidad, rindieron para el torero una ovación, la que pudiéramos decir la ovación de L’hardy de escritores vestidos de smoking y bajo una luz artificial”.
Publicado en Reportajes, Toros | Sin Comentarios »
Cultoro
04 de Octubre, 2010
Uno tiene la firme convicción al pisar el picadero de la casa, la plaza de tientas, el guadarnés o las mismas cuadras que ocupan caballos míticos ya como Cagancho, Chicuelo, Gallo o Chenel, que se encuentra en el gran santuario del rejoneo, en el centro del universo del arte ecuestre desde donde gira todo el toreo a caballo de nuestro tiempo.
Y es que cuando uno cruza la puerta de entrada a la casa de este genial navarro encantador de acémilas, el caballo comienza a llenarte todos los sentidos y a ocupar todos tus espacios, y por ello entiendes sin dificultad el sueño de un chaval de 15 años que una noche decidió a solas con su hermano ser torero para templar reses bravas con muletas de cuatrocientos kilos; comprendes también el empeño de un crío que quiso evitar los tiempos muertos de esa lidia que en el pasado se hacía pesada y desangelada, y la ambición en definitiva de un hombre que ha conseguido recortar hasta lo imposible la distancia hacia el toro montando a lomos de un equino, que esa es la base de la nueva tauromaquia aportada por Pablo Hermoso de Mendoza, una tauromaquia sustentada además en los pilares de una concienzuda y meditada doma clásica.


Por eso se entienden gestos como el de Enrique Ponce, que una tarde de éxito en la México arrojó a Hermoso de Mendoza la montera a sus pies en señal de reconocimiento. Quizá ese haya sido el mayor logro de este navarro sencillo y universal, el de acercar el rejoneo al toreo formal, el haber unido estos dos caminos del arte de torear en uno solo, algo que hasta él nunca había ocurrido. Y por eso también, todo en la casa te parece dotado de empaque, de solemnidad e historia grande del arte ecuestre. Tocar los bocados de Gagancho ya retirados del guadarnés, ver los estribos de estrellas como Gallo o Chicuelo, ambos ya jubilados, y observar sillas en las que se han gestado los mayores éxitos ecuestres de todos los tiempos te da la dimensión histórica del ambiente, que se multiplica cuando la casa del rejoneador te deja entrever las cabezas de los toros importantes de una vida o la colección de trofeos sin fin. Hermoso de Mendoza, como llegó a publicar un periódico portugués, ha conseguido cambiar la nacionalidad del rejoneo. La nueva capital surgida de esa revolución no ha sido otra que Estella.

CAGANCHO, EL REY DE LA CASA
Tan sólo 300.000 escudos fue el precio que Pablo Hermoso de Mendoza pagó por este caballo en la feria portuguesa de Golega hace ya un buen número de años. Hoy Cagancho vive retirado de las plazas en Estella, cubriendo yeguas y saliendo al prado una hora o dos al día para correr, saltar y disfrutar de la tranquilidad de sus casi 25 años. Aún sigue manteniendo el nervio que lo ha hecho mítico, hasta podría seguir toreando por su buena condición física.

Cagancho nos recibió tranquilo en su amplia y moderna cuadra y su mirada inteligente nos sorprendió. Y en su presencia escuchamos de su dueño cosas tan apasionantes como que los caballos intuyen al toro peligroso y con gestos se lo hacen entender. También que se atacan de los nervios y se vuelven agresivos cuando se presenta vestido de corto antes del festejo. Saben que se van a jugar la vida. Se nos dijo que nunca se venderían equinos como Cagancho, Gallo o Chuicuelo porque son algo más que caballos, y que las yeguas de la casa están desechadas de las plazas porque el celo dificultaría su traslado en el camión junto a los caballos. Un privilegio escuchar tantas filosofías a la vera de caballos ilustres.

ANÁLISIS, ESTUDIO Y TRABAJO
Todo está sentido y pensado en esta casa ecuestre desde las ocho de la mañana, la hora en la que los caballerangos echan de comer a los animales y asean las cuadras con un sistema mecánico de cintas que extraen el estiércol hasta un camión colocado en el exterior. Hacia las diez baja desde su casa al picadero el dueño de la casa y comienza una concienzuda jornada de trabajo que pasa por montar durante prácticamente todo el día a sus 17 caballos, uno tras uno, ayudado sólo por un jinete de confianza que trabaja los potros de tres años. Esa es la base de su éxito: el trabajo constante, el análisis de las condiciones de sus animales, el estudio de sus gestos y capacidades para poder sacar lo mejor de ellos ante la cara del toro, de ahí su íntima convicción de considerar al caballo lusitano como el mejor dotado para el rejoneo, porque a diferencia del español, que tiene su mismo origen sanguíneo pero está seleccionado bajo parámetros de estética y belleza, éste lo está sólo para torear y trabajar.
Ahora, comenta Hermoso, está introduciendo yeguas hanoverianas y árabes para aportar volumen y fortaleza a sus equinos, porque necesita fuerza y un tranco vigoroso en los caballos de salida, un don especial que les facilite enroscarse al toro cuando está en plenitud. El nervio, el genio, el pellizco se reserva al segundo tercio y para el final es necesario un caballo que aunque sea torpe te deje ver al toro debajo durante una milésima más, un tiempo suficiente para ejecutar la muerte con garantías. Lo dicho, análisis, estudio y trabajo.
Publicado en Caballos, Reportajes | 1 Comentarios »
Francisco Belmonte
22 de Septiembre, 2010
Argamulas son las flores que cubren con un manto lila de primavera está porción de 240 hectáreas del término municipal de Escuriel, en Cáceres, sobre las que pastan los bravos toros de Adolfo Martín, una finca entregada por completo al intrincado empeño del alquimista, pues eso es buscar la bravura más noble en la sangre de unos toros que conservan al cien por cien el mítico linaje “albaserrada”.
La estampa al atravesar la primera cancela de estos páramos, los Alijares reseñan como nombre, no puede ser más serena y grata: Un vaquero montado a caballo desde la lejanía se acerca a paso muy lento, casi ceremonioso, a los cercados más próximos del cortijo.
Delante de él viajan unos cuantos toros cárdenos, veletos y con pico de rata, que son caracteres propios de este encaste, buscando las sombras que proporcionan las innumerables encinas que alivian de calor la tierra.
Hoy, el sol harta. El vaquero, cumplida la faena, se nos acerca.
Reconocemos en él a José Antonio Naharro, el mayoral.
Al llegar a nosotros descabalga, alivia al animal de riendas, bocado, estribos y silla, y con la naturalidad propia del hombre de campo que está en su casa nos saluda, nos acerca una bota con un vino dulzón que quita el sentido, y comenzamos una charla a la que se suman Miguel y José María, dos de los empleados de la finca.
Y la conversación, por supuesto, se deriva hacia el ganado. Nos hablan de Malagueño, el toro indultado por Robleño en Añover de Tajo que ahora cubre no pocas vacas. Es el mejor semental de la casa.
Y apuntan que la ganadería está estabilizada, que se buscaba una regularidad en los productos que poco a poco va llegando con una tienta muy exigente en la que acometividad y casta están por encima de todo. “De 120 vacas tentadas, sólo 21 pasaron el examen”, comenta con orgullo José Antonio.
El tiempo transcurre. Estamos en el salón de “recepciones”, entre cabezas de toros importantes, trofeos, fotografías y carteles con el nombre de Adolfo Martín grabado a fuego en todo. “Es muy exigente con los toros”, dice José Antonio, y “piensa en ganadero”, añade.
Eso supone entender esta profesión con independencia, algo para lo que es imprescindible una fuerte personalidad.
Cuando tras varias horas decidimos volver sobre nuestros pasos, aún tengo tiempo de preguntar a José Antonio por las argamulas. “Son bonitas pero pican del carajo”.
Lo curioso es que no sé por qué vuelvo la vista a un toro que no deja de mirarnos.

Publicado en Reportajes, Toros | 1 Comentarios »
Francisco Belmonte
01 de Septiembre, 2010
Cuando el camino se deshace de España por Extremadura buscando los pastos del toro bravo que se desparraman extensos por Portugal, uno no tiene la sensación física de abandonar el paisaje moteado de encina, vid y olivo que se arrastra soleado desde muchos kilómetros atrás. Tan sólo una leve alteración en el piso de la carretera y un vetusto indicador semioculto entre la tupida vegetación, parecen querer informarnos de que otra nación nos acoge y de que la grandeza de Europa sin fronteras nos hace más cómodo nuestro peregrinar.
Y es que todo sigue su curso natural. La mirada sigue entendiendo el horizonte, que es de dehesa sembrada por un mismo manto de sequedad -¡Ay, la lluvia!- y que es de paisanaje abierto, sencillo y amable, que así nos parece Joaquín Murteira Grave, el ganadero, un ex profesor universitario retirado del mundo a la soledad de su Finca “Galeana” para vivir el toro y el misterio de su bravura y para dar grandeza al linaje de sus reses: “los Murteiras”, los toros legendarios de Portugal, los mismos que comenzaron sus andanzas allá por 1944 desde el semental “Fabeto” y su harén con 25 vacas de procedencia “Gamero Cívico”, y los mismos a los que se sumaron con los años sangres como las de “Rincón” o “Domecq”, encastes que son reconocibles en algunos ejemplares, aunque al amo le sigan embelesando los negros acapachaditos, los más lusitanos de la casa.
Precisamente uno de ellos se coloca ante nuestro objetivo cuando en un 4 x 4 paseamos parte de las 1.200 hectáreas de la ganadería junto a su dueño, una finca mimada en sus cercados y dependencias e imaginada en sus lagos artificiales que han conseguido retener la escasa lluvia caída para hacer posible la vida en los últimos años de asoladora sequía. El animal es altivo, orgulloso, es soberbio; hasta creo que es consciente de su historia y de su prosapia. El amo lo acosa para enseñarnos su lustre y su abundante crianza. Créanme, el momento es indescriptible. A dos metros de nuestra vera galopa el toro en toda su inmensidad y belleza. Mientras, al hombre se le revienta la pasión en cada comentario, en cada volantazo hecho para buscarle la cara al animal.
¡Qué cuajo!, ¡qué tranco!, mirad los cuartos traseros. ¿Y lo uniforme de su estructura? Todo acaba cuando la mirada desafiante del animal dice basta. Y es basta. Abandonamos entonces el cercado en busca de más bravura y belleza y el propio ganadero nos informa de que diez toros con cuajo suficiente para asombrar están dispuestos para una buena plaza. Efectivamente, asombran.
El atardecer nos dispone la mejor luz para las imágenes fotografiadas. Surgen entonces las peleas a muerte entre los jefes de las camadas. Los toros mugen y bufan el verano. Dos se encienden a nuestro lado y asusta ver sus cuerpos tensos y sus embestidas fieras. Es la casta, es su raza que se hace furia y viveza.
“UNA GANADERÍA SE HACE EN UNA VIDA”.
Murteira es un hombre pausado y tranquilo, “no como mis toros, que así no los quiero”, dice. A este hombre se le notan las filosofías en la mirada y en la palabra. “Ética y estética deben compaginarse en esta actividad, si no esto no funciona”. Esa es una de sus frases. Y es que le sale la vena magistral, la de profesor universitario que está ávido por contar, por enseñar y abrir sus conocimientos a los demás: “busco en mis toros la buena casta, que la mala también existe, pero sobre todo la raza, esa que te da un toro que quiere coger los engaños por abajo y emocionar embistiendo. Yo no puedo criar un toro que no me lo sienta, que no me diga nada”.
La conversación va tomando cuerpo, y hasta alma, cuando dice que “si la pasión y la humildad envuelve el trabajo del ganadero, y si el dinero no prima en sus intereses, esta profesión es la más bella de la Fiesta”
Mientras habla paseamos la casa llena de recuerdos. Toros triunfadores en Madrid, carteles antiguos, innumerables trofeos, fotos, alguna de él como forcado. Sorprende la decoración de la vivienda por lo masculinos de sus matices. “Es que yo vivo aquí en soledad de lunes a viernes. El fin de semana lo paso en Évora con mi mujer y mis hijas. Ellas entienden lo necesario de mi estancia junto a los toros. Este es mi mundo”.
No hay mucho más tiempo. La noche todo lo relaja y aún retumba en nuestro cerebro la frase de despedida del criador: “Una ganadería se hace en una vida, pero yo creo que no es tiempo suficiente”.
Todo es lento en el Alentejo portugués. Cuando abandonamos el pueblo de Granja, a escasos kilómetros de la finca, una sensación especial nos acompaña, la de saber que aún existen románticos en esta fiesta, gentes que anteponen su honor e historia a lo más mundano y material. Y eso ocurre en Portugal.
Publicado en Reportajes, Toros | 1 Comentarios »
Francisco Belmonte
09 de Agosto, 2010
Y es que el nombre de Felipe II y su arquitecto Juan de Herrera, unidos ambos en tan magna obra, son mucha enjundia contenida para que ésta no impregne los frondosos alrededores y las bellas vistas que sostiene sobre sus lomos el cortijo Wellington, la casa ganadera de unos toros evocadores de un grandioso pasado imperial.
Y en ese aire regio debieron también respirar los grandes toreros que siempre lancearon sus embestidas. Entre ellos, Su Majestad “El Viti” fue el primero y su más fervoroso entusiasta. Mató gran parte de las camadas de aquellos míticos
años sesenta, y lo hizo en unión de otro gran torero de su tiempo, Paco Camino, quien influyó no poco en la exitosa evolución de una sangre que ha elevado su categoría a la de encaste propio: “Baltasar Ibán”.
Y lo curioso es que hoy las figuras desprecian estos toros quizá por su brío, por su bravura o por su casta vivaz e impetuosa. Así es hoy la tauromaquia.
Majestad, Imperio, Wellington, “El Viti”, Juan de Herrera… Mucha grandeza unida en el rastro de estos magníficos toros.
No hay lujos ni alharacas en las dependencias ganaderas del cortijo Wellington, ni siquiera en la casa de los ganaderos, que mantiene cierto sabor en el mobiliario y en la decoración a aquellos años sesenta que fueron el origen de su grandeza. Entre esos muebles con aire “yeyé”, se entrelazan recuerdos toreros que evocan historias unidas a esta casa ganadera. Un vestido de Palomo Linares, una camisola ensangrentada de El Cordobés o la cabeza de “Bastonito”, aquel mítico toro que le resolvió la vida a Cesar Rincón una tarde de Madrid. Todo presidido bajo el retrato del ya desaparecido Baltasar Ibán.
Otro sabor más campero tienen, eso sí, los cercados de la finca, que envuelven una extensión cercana a las 700 hectáreas dedicadas con exclusividad al toro y ubicadas a los pies del madrileño puerto de Guadarrama.
Cercados construidos en piedra y parcelados casi de manera milimétrica para que la estancia de los animales sea cómoda. Y es que nada menos que 900 cabezas pastan en esta tierra.
De esas novecientas reses, catorce sementales proveen de bravura y casta las 200 vacas de vientre con las que sigue fraguándose un hierro muy exigente con sus productos, ya que apenas el 20 por ciento de los animales sometidos a la inexorable tienta pasan el examen. Entre ese mare magnun de animales, ocho toros ya están apartados para quién sabe qué plaza. Las fundas de los pitones aún preservan de cornadas a los hermanos de camada. Un toro burraco apunta maneras para romper en éxito la tarde. Lo apuntamos.
Publicado en Reportajes, Toros | Sin Comentarios »
Francisco Belmonte
04 de Junio, 2010
Durante siglos los rebaños surcaron nuestro país, de sur a norte y de norte a sur, haciendo de la primavera la estación más larga del año. Si en el florido mayo el ganado abandonaba los prematuros calores de Andalucía y Extremadura para buscar verdes frescores en el norte peninsular, en noviembre el camino se desandaba con la intención de asegurarse mayores templanzas invernales.
Ese continuo trasiego de hombres y ganado, que sin duda contribuyó a dotar de signos comunes de identidad a todas las tierras de España, tuvo su origen legal con la creación del Honrado Concejo de la Mesta, del que se tiene primera constancia documental en tiempos del rey Fernando III El Santo.
Leer el resto de esta entrada »
Publicado en Reportajes, Toros | Sin Comentarios »
Francisco Belmonte
04 de Junio, 2010
Al margen de consideraciones de tipo cultural, económico, histórico o artístico que permitan justificar la pervivencia en el siglo XXI de un espectáculo tan venerado a la vez que maldecido como es la fiesta de los toros, existe un aspecto muy puntual y casi inapreciable que nunca es suficientemente ponderado por los detractores del espectáculo taurino a la hora de enjuiciarlo: Su carácter ecológico, o dicho de otro modo, su innegable aportación al sostenimiento y preservación del medio ambiente. Y no es tanto por el hecho de que el toro de lidia sea un animal cuya exclusiva razón de ser venga dada por su protagonismo en las plazas, de las que desaparecería a la vez que de toda la faz de la tierra si la tauromaquia fuera finalmente desterrada, con el consiguiente perjuicio ético que acarrearía el exterminio de una especie animal eminentemente bella, – hay que ser muy ingenuo e ignorante para no entender que la crianza de un toro de lidia per se es costosísima en medios humanos y económicos- sino por su increíble contribución al mantenimiento y desarrollo de grandes extensiones de campo libres de la presión y el desarrollo humano.
Entremos a analizar el hecho. La Junta de Andalucía ha gastado 7.780 millones de euros para la preservación del lince ibérico, especie que desgraciadamente anda amenazada de extinción, en una finca del sur de España cercana al embalse de los Melonares. Nada menos que una red de trescientas cámaras fotográficas vigilan minuto a minuto su existencia para hacerla más provechosa. Leen bien, 7.780 millones de euros para silenciar el monte apartándolo del infernal ruido de la modernidad y para guarecerlo del mayor depredador que se pasea ufano y todopoderoso por todos los rincones del planeta: el hombre. Ese es el esfuerzo económico que requiere el lince para multiplicar su especie en el futuro. Pues bien, traslademos ese coste económico dedicado a la preservación del medio natural y al fortalecimiento silvestre del entorno del lince, y lo asimilemos a un hecho constatado desde generaciones como es la crianza del toro de lidia, un animal que exige un esfuerzo económico aún superior al del lince por sus especiales características. Los datos que surgen pueden abrumarnos.
En régimen de extensión
En primer lugar habría que dejar claro que un toro de lidia necesita entre una y seis hectáreas como espacio vital que permita su desarrollo, tanto para obtener alimento como para crecer en perfecto equilibrio con la naturaleza. El toro bravo, a diferencia del manso que puede permanecer estabulado, vive en régimen extensivo para facilitar su imprescindible ejercicio, de lo contrario se deterioraría físicamente y no sería útil al espectáculo. Por ello, la superficie media de las fincas dedicadas a la cría del ganado bravo en España ronda las quinientas hectáreas por cada una de ellas. Los números comienzan a abultarse. Sumemos a todo ello que en la actualidad hay fundadas cuatro asociaciones distintas dedicadas a la crianza del toro de lidia: Unión de Criadores de Toros de Lidia, Asociación de Ganaderías de Lidia, Asociación de Ganaderos de Reses de Lidia y Agrupación Española de Ganaderos de Reses Bravas. Es de reseñar que tan solo de la primera de estas entidades se tienen registradas 528 fincas que ocupan una extensión total de 300.000 hectáreas en lugares tan diversos de España como Castilla-La Mancha, Castilla-León, Andalucía, Extremadura, Madrid o Murcia, extendiendo el toro su influencia a ecosistemas tan distintos como la dehesa, el monte o la marisma. Hay que tener en cuenta que 300.000 hectáreas es lo que ocupa la provincia de Álava.
Publicado en Reportajes, Toros | 1 Comentarios »