Revista digital cultural taurina

Reportajes

Torero, héroe literario

“En esta España nuestra hay una vieja casta de hombres bravos: se les llama toreros y nacen con una ornamental vocación de morir. Ellos, agonistas de su juego mortal e innecesario, son ya, en este mundo sin religión ni héroes, los únicos que prolongan el sentido del rito bajo el sol, en una auténtica liturgia que tiene como coro al pueblo entero”

Ángel Álvarez de Miranda

REPORTAJES: El Torero, héroe literario


Extenderse en consideraciones sobre la proyección e incidencia que la tauromaquia ha tenido en la literatura a lo largo de la historia, se nos antoja obra imposible en apenas las líneas que podemos dedicar al tema. El toreo, para bien o para mal, ha sido y es materia polémica y conflictiva, de ahí que su incorporación al campo de la narrativa haya sido continua y su temática reiterada en toda la historia de la literatura nacional, pero también extranjera. De este último apartado dan ejemplo Prospero Mérimée con su mítica Carmen, o incluso Gautier con su Militone, franceses ambos que recogen el aspecto estético y sociológico de la fiesta de los toros y contribuyen a la configuración de una serie de arquetipos –el bandolerismo, la mujer fatal y el toreador empalagoso son base literaria de la típica españolada- que otros literatos posteriores, también españoles, seguirán o aborrecerán.

Sin embargo, el toreo ya está dotado con carta de naturaleza mucho antes de que su tratamiento traspase las fronteras de lo hispano. Ya en los libros de caballería aparece referido el tema taurino y en ellos se glosan con tintes épicos las ceremonias de la nobleza y los toros. Así, en Tirant lo Blanch, obra escrita en catalán a finales del siglo XV, se describe un festejo celebrado en Constantinopla que tiene como referencia las fiestas de toros que se celebran con pasión en Cataluña o Valencia –¿es consciente de ello el actual nacionalismo prohibicionista catalán que excluye de “su” cultura el toreo?.

Pero es en los siglos XVI y XVII cuando el tema taurino se trata con otro cariz. Mateo Alemán, entre otros, lo hace en su Ozmín y Daraxa, también en El Guzmán de Alfarache, y Carlos de Cepeda hace lo propio con mayor intensidad en su Descripción de una fiesta de toros y cañas que celebró la Maestraza de Caballería de Sevilla en el año 1671. Hasta Lope de Vega refiere el tema taurino en El Caballero de Olmedo.

José María de Cossío mantiene que estas formas de observar e interpretar la tauromaquia tienen su origen en la tradición de los romances moriscos, que inciden en la descripción escenográfica de la fiesta. Será después cuando el costumbrismo popular y literario matice los textos dedicados a los toros. Quizá la contribución literaria más destacada en este campo sea la de Nicolás Fernández de Moratín, pero también Larra, después, aunque desde unos nuevos planteamientos tintados de romanticismo, se ocupa y preocupa por el tema.

Sin embargo, una novela como La Gaviota, de Fernán Caballero, establece las bases de partida para una nueva forma de enfocar la tauromaquia en la literatura, aunque algunos tratadistas la identifiquen más como un puente entre los narradores románticos extranjeros, los escritores costumbristas españoles y la posterior novelística del último tercio del siglo XIX, que es cuando se consolida definitivamente el género.

El toreo, como es fácilmente apreciable, forma parte indisoluble del acerbo literario de este país, un acerbo que se ha ennoblecido con firmas tales como las de Jacinto Benavente, Gregorio Marañón, los Quintero, Hemingway, etc, y que quizá tenga su cima en una novela que ha sido referente en la narrativa española desde 1908, año de su publicación. Esa no es otra que Sangre y Arena, de Blasco Ibáñez, pero de ella hablaremos en otro apartado.

Para terminar hay que hacer referencia a la producción literaria en el campo del periodismo de la que han hecho gala los innumerables rotativos españoles a lo largo de casi dos siglos. Merecería un estudio independiente y en profundidad por lo inabarcable de su contenido. Baste, para dejar prueba de su trascendencia, un dato indiscutible que corrobora esta afirmación: El periodismo taurino ha aportado al lenguaje común una riqueza de palabras y conceptos difícilmente superable en otros campos del ejercicio informativo. Baste…
Bajo el albero, las letras llenan de imaginación los cosos españoles. Solo es necesario hurgar, remover e indagar.

SANGRE Y ARENA
“Rugía la fiera: la única, la verdadera”. Con estas palabras, Vicente Blasco Ibáñez describe en su obra Sangre y Arena a los públicos del único espectáculo de masas de aquel tiempo: el toreo, pero también traza la identidad de la sociedad española de entonces como lo hace en otras obras del mismo ciclo literario: La bodega, El intruso o La horda.

Sangre y Arena es la novela más universal y conocida de temática taurina, quizá esto sea debido al tratamiento cinematográfico del que siempre se alimentó. Hay que decir que la novela está inspirada en una obra anterior de Héctor Abreu –El espada-, quien denunció plagio por considerarla extraída en algunos de sus párrafos de la suya. En cualquier caso, Blasco Ibáñez demuestra conocer a la perfección el mundo del toro, hace una selección impecable y acertada hasta en los nombres de los protagonistas –Juan Gallardo es el matador- y da un tratamiento desapasionado a la fiesta de los toros, que es metáfora de una revolución social en ciernes y que quizá es necesario para poner la tauromaquia en el lugar que le corresponde. Ni más, ni menos.

Publicado en Reportajes | Sin Comentarios »

La Religión Taurina

Aseverar que el toreo es una religión para algunos apasionados de la fiesta de los toros no es ni mucho menos descabellado.

La Religión Taurina


El fervor con el que se sigue a un torero o incluso a determinado hierro, podrían sorprender a cualquier neófito en la lid taurómaca, pues dios se considera a aquel espada que es capaz de llenar de felicidad el corazón de cualquier aficionado cuando enjareta dos series de naturales pintureras.

Pero la palabra religión aplicada a la tauromaquia tiene un sentido más profundo. Podríamos remontarnos al antiguo Egipto para entender lo que significa el toro en esa cultura ancestral, a la Roma Clásica o incluso a la Creta de nuestros orígenes mediterráneos para comprender el sentido funerario-religioso de la tauromaquia.

No lo vamos a hacer en este escrito porque sería muy extenso, y al curioso hay que dejar la libertad de elección y movimiento. Sin embargo, sí que vamos a centrarnos en los aspectos judeocristianos que fluyen en un circo torero a lo largo de una tarde soleada de toros.

Comencemos por el número tres, que se repite constantemente en un festejo y que algunos tratadistas han querido identificar con la Santísima Trinidad, por aquello de preservar de la muerte y servir de faro y guía a las tensiones irracionales que se viven ante la cara de un toro cuando te juegas la vida. ¿O no es curioso sumar uno a uno los detalles que fluyen a lo largo de una faena para certificar lo comentado?: Tres pares de banderillas, tres puyazos, la terna, el terno de los toreros, tres subalternos, tres avisos y tres toques de clarín, tres lotes de toros, los tres tercios de la faena, el tercio referido a las tres partes del albero…

Don José de la Tixera, que a la sazón dictó al que se considera creador moderno de la tauromaquia, el matador de toros Francisco Montes Paquiro, el guión para hacer del rito taurino lo que hoy conocemos como la lidia de un toro, fue un insigne escritor que lució su literatura en la primera mitad del siglo XIX. De él se cree que tomó Paquiro todas sus enseñanzas y de él se cree también que influyó notablemente a la hora de fusionar el rito religioso cristiano con el rito pagano del toreo. Así podemos comprobar el mimetismo que existe entre la consagración de ambas ceremonias: Con el cáliz, en el caso de una misa cristiana, y con el basito de plata, en el del toreo. Y es que la tauromaquia surge de una cultura cristiana que a nadie debe sorprender: La visión de Ezequiel tiene al toro como protagonista y la representación iconográfica del evangelista san Lucas muestra a una res brava como símbolo de un dios poderoso, fuerte y valiente.

Pero las semejanzas van mucho más allá. Pases como la Verónica están inspirados en textos de la Biblia –Verónica fue la mujer que enjugó el rostro de Cristo con un trapo camino del Calvario y su representación pictórica lo exhibe de la misma forma a como se hace con el percal-. Hasta la cruz se hace evidente en las armas que portan los toreros (cruceta, espada y cacheta). Incluso existe un axioma taurino que se utiliza a la hora de matar: “A quien no hace la cruz, se lo lleva el diablo”.

Reparemos también en las vestiduras del torero y los signos exteriores que lo identifican. Oropel para el adorno de alamares, borlas, taleguilla o chaquetilla. Oropel en la casulla de un cura. Coleta para identificarse y distinguirse de los demás a un torero. Tonsura para hacer lo propio con un sacerdote. Hasta la espiga de trigo que lucen las medias de los espadas en blanco o negro, mantienen similitud con el símbolo ancestral de la cristiandad: el pan. ¿No es un novicio un novillero y los hábitos se toman tras una alternativa?

Pero si algo mantiene unidas y mimetizadas ambas liturgias en su culminación, pues todo está dirigido a la cumbre que justifica el rito: la consagración de la muerte, de ahí que muchos aficionados piensen que la tauromaquia perdería su sentido si de ella se eliminara el acto fundamental que la sostiene. Bajo el albero existe un mundo intrincado de intelectualidad que a cualquier espíritu curioso ha de interesar. Lo místico, hasta sorprende.

Publicado en Reportajes | Sin Comentarios »

Valencia: fuego y toros

Comienza la temporada y el primer puerto de montaña está en Valencia. Luz mediterránea por el día y noche de San José iluminada por el fuego. . .

Valencia: fuego y toros

La feria de Fallas supone el punto de partida para la temporada europea. Por su condición de plaza de primera categoría, es el centro de atención mediático que ilustra cábalas y deseos.

Antiguamente, la feria taurina más importante de la ciudad era la Feria de Julio, pero el paso de los años ha posicionado al ciclo fallero como el más importante de la temporada valenciana.

Para los toreros, empezar la temporada en Valencia, y acabarla en Zaragoza, supone sostener sobre su mano el mando del escalafón, cargando el peso de la propia Fiesta para no ceder ni un paso en su posición.

Pero este año, la feria prescinde de la mayoría de las figuras. Los juegos de guerra perpetrados en los despachos han causado bajas, que con toda seguridad harán mella en las taquillas y la televisión.

Mediterráneo, fuego y toros. Valencia es la esencia de nuestro pasado.

Publicado en Reportajes | Sin Comentarios »

Mujer y toros. Breve repaso por la historia

En el toreo, como en otros campos, siempre han existido mujeres que en primera línea de batalla han luchado por abrir hueco en un mundo capitaneado por hombres.

Escribiendo su historia desde el papel de toreras, rejoneadoras o ganaderas, han expuesto su criterio, perseverancia y sentimientos al servicio de la tauromaquia, aún en contra de regímenes que atribuían la exclusividad del toreo al género masculino.

Pero en este primer monográfico que nace hoy, también queremos posar la mirada sobre aquellas mujeres anónimas cuyo nombre no aparece en libros, pero que con o sin elección, han anexado su vida a la del toro.

REPORTAJES: La mujer y los toros

Cuadrilla de las Noyas, capitaneadas por Dolores Petrel, Lolita y Angelita Pagés

REPORTAJES: La mujer y los toros

Dolores Petrel, en la Habana en 1895

Una mujer puede ser torera, o torero, es lo mismo.

Al principio, desde el siglo XVIII, se les llamó señoritas toreras. Estas intrépidas mujeres no solo practicaban el toreo por afición, sino también como profesionales.

En 1774, Francisca García, natural de Motril (Granada), fue a Pamplona para actuar como rejoneadora. Elevó al Ayuntamiento una instancia en la que exponía “que por particular espíritu torea a caballo con rejoncillo, y ha logrado muchos aplausos en los 10 últimos años en Cádiz, Valencia, Murcia, Granada y otras capitales”. Se le negó el permiso por “no parecer decoroso”. Volvió a mandar la instancia al año siguiente repitiéndose la denegación.

Mayor fama logró la célebre “Pajuelera”. De nombre Nicolasa Escamilla, tuvo por fortuna que Francisco de Goya la representase en uno de sus más célebres aguafuertes. Curiosamente, Goya la situó lanceando en la plaza de toros de Zaragoza, pero Nicolasa jamás toreó en dicha plaza.

En 1818, Andrea Cazalla rejonea, vestida de sultana, y dos años después, en 1820, Antonia Fernández rejonea vestida de turca.

El 11 de diciembre de 1836, cobrando240 reales cada una, torean la zaragozana Magdalena García y Mariana Duro, de Valencia, la primera vestida de aldeana y la segunda de valenciana.

REPORTAJES: La mujer y los toros

María Salomé La Reverte

En los años 1873 y 1974 aún anda por los ruedos Martina García con una cuadrilla completamente femenina. Llevaba como picadores a Juana López y Javiera Vidaurre, y como banderilleras a Rosa Campos, que quebraba en silla.

En ese momento aparece la torera andaluza Teresa Bolsí, que tuvo la suerte de ser inmortalizada por Gustavo Doré.

En 1886 emerge en los ruedos Dolores Sánchez “La Fragosa”. Innovó en el toreo femenino por vestirse con el traje de hombre, en vez de con faldilla corta, usada ésta hasta ese momento.

Los escritores taurinos de la época sentían una gran animosidad contra estas señoritas toreras, que según ellos representaban una ridícula parodia del toreo y degeneraban los gustos del público.

En 1900, María Salomé “La Reverte” mató un utrero en Madrid y durante algún año sostuvo su cartel.

Fue el 2 de Junio de 1908, cuando don Juan de la Cierva, Ministro de la Gobernación, dicta una Real Orden prohibiendo que tomen parte las mujeres en las corridas de toros. “La Reverte” interpuso un recurso contencioso contra la Real Orden y descubrió entonces la verdad de su sexo masculino y su verdadero nombre de Agustín Rodríguez, que como novillero toreó sin fortuna.

La prohibición referida se llevó con rigor al principio, pero acabó por rebajarse y volvieron a torear mujeres toreras, olvidándose el descrédito que el incidente de “La Reverte” atrajo sobre el gremio.

En 1932, en fiestas de San Juan de León y en una desencajonada, anunciaron a la señorita Juanita Cruz, como mujer que haría una exhibición de toreo moderno. En ese momento el Reglamento Taurino prohibía actuar a las mujeres en espectáculos taurinos.

Nada más salir el novillo, Juanita lo toreó por verónicas, hizo un quite por chicuelinas y remató con una revolera. El público se olvidó totalmente del otro novillero, pidiendo a gritos que Juanita lidiara y matara al novillo.

En el palco principal se encontraba el Señor Gobernador de León (un gran aficionado), y cuando se pensaba que detendrían a Juanita, llegó la orden del Gobernador que permitía a la torera lidiar y matar al segundo novillo, que era mayor que el primero.

Cortó las dos orejas y el Señor Gobernador la hizo subir al palco para estrechar su mano y felicitarla por una actuación tan brillante.

REPORTAJES: La mujer y los toros

Juanita Cruz

Enterado el Ministro de la Gobernación, mandó un telegrama a todos los Gobernadores para que hicieran cumplir el Reglamento, no autorizando torear a Juanita en ningún lugar de España.

Con algo más de metro y medio de altura y solo 43 kilos de peso, logró en pocos años meterse a todos los públicos en el bolsillo.

En 1934, con cambio de Ministro de la Gobernación, se hizo la vista gorda a la prohibición y Juanita empezó a torear con gran éxito, llegando a ser la primera mujer que tomó la alternativa.

Juanita Cruz toreó en todo el mundo taurino, como México o Venezuela, y ya en las postrimerías de su carrera también lo hizo en Francia, en 1947.

También a caballo

Mención especial merece Conchita Cintrón. Nació en Chile en 1922, pero ella siempre se consideró peruana. Comenzó su carrera en Acho, en el año 1936, en un festival benéfico.

El 20 de Agosto de 1939 se presentó en la Plaza de “El Toreo” de México, ganándose repetición a la semana siguiente. Entre el año 1939 y 1943, Conchita toreó 211 corridas, sumando festejos tanto en la capital como en los estados mexicanos, matando a estoque 401 toros y alternando con figuras del país como Armillita, “El Soldado”, Luis Procuna, Silverio Pérez o Chucho Solórzano entre otros.

En 1944 volvió a Perú donde el Presidente Manuel Prado le otorgó la nacionalidad. Allí inauguró la Plaza Monumental de Lima y fue a Santa Bárbara, donde rejoneó por primera vez.

En España, esta excelente amazona fue apoderada por Marcial Lalanda, para allanar las dificultades que suponía la “no presencia femenina” en el ruedo.

El 13 de Mayo de 1945, rejoneó con éxito un novillo en las Ventas, pero no pudo obtener el permiso para estoquearlo a pie.

1950 fue el año de despedida de los públicos. En primer lugar lo hizo en Francia, y posteriormente en España, haciéndolo en Jaén el 18 de Octubre de ese mismo año, donde desafiando la prohibición, toreó de muleta a su oponente.

La Pajuelera (Aguafuerte nº 22 de Goya).

La alicantina Ángela Hernández Gómez, toreó en los años 70. Mantuvo una batalla titánica con los tribunales de justicia con el fin de lograr que las mujeres pudiesen torear en España igual que los hombres.

Alicia Tomás formó pareja con la colombiana Rosarito de Colombia, a las que apoderó Manolo Lozano.

La madrileña Yolanda Carvajal, se retiró en 1994.

María Neiger, toreó entre los años 1987 y 1988 80 novilladas sin caballos. Debutó con picadores y se retiró en 1988.

Maribel Atienzar toreó de novillera en la ciudad que la vio nacer, Albacete, cortando 4 orejas y 2 rabos.

Comenzó su carrera con Paco Dorado de apoderado, llegando a debutar en las Ventas el 2 de Julio de 1977. Toreó bien, pero el presidente le negó las orejas. El público le obligó a dar 3 vueltas al ruedo.

Sufrió varios percances en su carrera que la mantuvieron apartada de los ruedos y fue la cuarta mujer que tomó la alternativa en Pachuca (México), el 28 de Noviembre de 1980, con el toro Serranito de Garfias, cortando tres orejas. La primera en tomar la alternativa fue Juanita Cruz, seguida de la colombiana Berta Trujillo “Morenita de Quindio” y la mexicana Raquel Martínez.

Finalizada su carrera, al no encontrar apoyo en los despachos españoles, se instaló en París donde se hizo pintora y escultora.

Otros nombres destacados en la historia son los de Patricia Navarro,

“Gitanilla de Chiclana”, Raquel Orozco López, Antonia Pacheco “La Campera”, Raquel Sánchez, de Toledo, que tomó alternativa en Toledo en el año 2005.

REPORTAJES: La mujer en los toros

Cristina Sánchez

Mención especial merece Cristina Sánchez. Tras tomar alternativa en Nimes, el 23 de mayo de 1996 de manos de Curro Romero y José María Manzanares, es una de las mujeres que más alto han llegado en el toreo.

Cristina compitió en temporada con el resto de compañeros de igual manera, además de ser la única que ha alternado con figuras del escalafón.

La malagueña Mari Paz Vega, matadora en activo, tomó la alternativa en Cáceres el 29 de septiembre de 1997, con Cristina Sánchez de padrino y de testigo Antonio Ferrera, lidiándosen toros de José Luis Marca.

Mari Paz torea poco en España pero en México realiza todos los años buenas temporadas.

También siguen en activo Hilda Tenorio, Lupita López, Sandra Moscoso, Vanesa Montoya o Conchi Ríos entre otras.

Sírvase este reportaje como un breve repaso por el devenir de la historia. Sin ánimo de dejar ningún nombre fuera, los que se han omitido responden a la imposibilidad de alargar más el contenido. A todas ellas, mujeres valientes y guerreras, nuestro más sentido homenaje.

Publicado en Reportajes, Toros | 1 Comentarios »

La torería

Un buen amigo, tras acabar de comer en un restaurante, pagar la cuenta, y recibir las vueltas de mano de la camarera, se dio cuenta de que el cambio estaba mal. Sin dudarlo, llamó a la mujer y le dijo: “señora se ha equivocado con el cambio”.

La muchacha, con gran sonrojo, se prestó rápida a solventar el problema. Contó monedas y billetes, y con asombro declaró: “señor, es verdad que me he equivocado, le he devuelto veinte euros de más. Gracias por su honestidad. Es usted una buena persona”.

Al oír estas palabras, mi amigo, levantándose lentamente de la silla y mirándola a los ojos, sentenció: “señora, ¡que los toreros nos vestimos por los pies!”

Y mi amigo trabaja en el servicio de mantenimiento de una fábrica…

Por Juan Iranzo

Desplante de El Gallo

Desplante de Rafel Gómez El Gallo en la Plaza Vieja de Madrid ante un toro del Duque de Veragua

Sólo quien se viste de luces sabrá de manera fiel los sentimientos que recorren cada centímetro de su cuerpo y mente. El miedo, la felicidad o la coyuntura de su vida.

Ser torero es una meta a la que muchos aspiran y pocos logran llegar. Pero sentirse torero es lo más grande del mundo. Y es que habrá quien pueda llegar a sentirse torero sin haber paladeado jamás el trance de ponerse delante, siquiera, de una becerra.

Desplante de Granero

Desplante de Granero en La Maestranza a un toro de Domecq. Año 1921

“Pensar, hablar, sentir, actuar, comportarse y estar siempre en torero” es lo que define María Mérida como torería. Pero, alguien que no es torero puede tener torería. O incluso, alguien que viste de luces y que llega a ser matador de toros ¿puede no tenerla?.

Hay toreros que se mueven por el ruedo sin guardar las formas que debieran ser improfanables. Convierten la solemnidad, en vulgaridad. Lo profundo, en superficial. Pierden el respeto por un rito tan intenso —donde vida y muerte van de la mano— que lo convierten en un trámite banal y hueco.

Otros, se pasean fuera de las plazas por barrios de papel cuché y teleburdeles, manchando de esputos la historia que otros compañeros mancharon con su sangre y que hasta dieron su propia vida.

Pero por qué no vivir en torero, aun sin serlo. No oler la muerte ni saborear la gloria, pero catar las migajas de una bella forma de existir.

La torería es naturalidad. Es la facilidad con la que uno se muestra señor ante la vida, y su destino. Es la diferencia que destaca sobre la ordinariez de lo cotidiano, y que inspira un modo de vida mejor.

Seamos toreros.
Caminemos por los sueños que nos hagan sentir mejores, y más felices.

Feliz Navidad

Publicado en Toros | Sin Comentarios »

Ecología, toros y niños

Para muchos, la ecología se basa en militar partidos o asociaciones donde unos estatutos indican el grado de implicación sobre la causa.
Curiosamente, suelen ser en la mayoría de los casos, individuos que jamás han salido de la ciudad donde pacen y duermen, y presumen de ser a la vez, unos superhéroes que vienen a salvar al mundo sin que nadie se lo hayamos pedido.

REPORTAJES: Ecología, toros y niños

Esta sociedad en la que nos toca vivir de prestado, se rige por unas conductas que cada vez nos alejan más del entorno natural que nos rodea, para concentrarnos en grandes urbes, muchas de las cuales antes fueron pequeños pueblos, aniquilando el verdadero significado del pasado del que venimos.

El peligro de esta situación reside en el modelo artificial de mundo que se pretende trasmitir a las futuras generaciones, hoy niños, donde el valor de lo auténtico se empieza a diluir.

Los huevos, dejan de venir de la gallina, para convertirse en un alimento que “sale” de unas bandejas dispuestas en estanterías del supermercado de turno. La carne, procede de un gran mostrador donde unas tarrinas plastificadas herméticamente evitan la más mínima coincidencia con la figura de terneros, cerdos o corderos.

La ecología verdadera es aquella que respeta nuestro pasado rural, más o menos cercano, y que valora a su vez el lugar que ocupa cada animal, árbol o metro cuadrado de monte, porque éstos son aprovechados de manera responsable para el beneficio colectivo. Un rebaño de vacas u ovejas que pasta en los bosques, no solo es rentable para su ganadero, sino que también es el mayor protector de ese ecosistema manteniéndolo limpio de maleza y pastos secos que pudieran ser auténtica dinamita en caso de incendio, por poner un ejemplo.

REPORTAJES: Ecología, toros y niños

Un legítimo ganadero, de esos que han decido sacrificar toda su vida en vincular cada minuto de la misma en la cría de sus animales, comentaba que donde hay toros, nunca se verán bolsas de plástico. De manera más explícita, estas sabias palabras vienen a decir que donde pastan las reses bravas es un terreno vetado para que la mano del hombre se pasee arrasando y ensuciando cada metro a su paso.

Además, la cría del ganado de lidia se suele presentar en terrenos marginales para la agricultura, zonas pobres para los cultivos que son aprovechadas por la rusticidad de los animales.

Enlazando todos estos argumentos expuestos, se puede considerar que la cría del toro de lidia supone un beneficioso  ejercicio de responsabilidad con el medio ambiente y rural. El toro ocupa millones de hectáreas de terreno en todo el mundo donde su sombra da cobijo a numerosas especies de todo tipo. Dehesas, montes, marismas, campos de secano, vegas… diferentes medios y  altitudes donde el toro de lidia presume de ser el último animal criado por el hombre, al que la evolución de los tiempos, y la industria, no ha violado ni un ápice su lujosa estancia terrenal.

Además, su crianza supone un modelo único de manejo y de convivencia del hombre que lo cría con el medio que lo rodea. El uso del caballo, previa doma vaquera, para el trabajo diario en los cercados, resulta extraño en un mundo dónde la maquinaria ha finiquitado las caballerías de establos y cuadras. O vivir en medio de la naturaleza, a cientos de kilómetros del pueblo más cercano, se antoja caso extraño donde la población emigra a grandes urbes llena de todo tipo de servicios.

Pero lo más interesante es la lentitud con la que pasa el tiempo. En un mundo que cada vez se vuelve más sibarita y que demando lo slow, como un modo más sostenible y beneficioso para las personas (hoy una utopía) se desenvuelve una forma de vida donde el trabajo de los hombres y su día a día con los animales pasa despacio, sin prisas. No hay horarios ni calendario. Una faena dura el tiempo que es necesario hasta que se finaliza, y para ello el temple es herramienta indispensable para vivir.

Los niños deben de conocer el medio rural para después protegerlo. De allí venimos y allí están nuestras más profundas raíces, y el toro bravo es un gran anfitrión para que los más pequeños conozcan este espacio ecológico y cultural. De nada sirve en crear nuevas generaciones de médicos, abogados o economistas si no son capaces de conocer, siquiera, de dónde proceden los alimentos que se llevan a la boca.

Publicado en Toros | 1 Comentarios »

Los toros del invierno

Cuando los días se acortan, las noches del campo se estiran mucho, demasiado, hasta las luces del alba. Por estas fechas, las dehesas salmantinas y castellanas van pareciendo campos de silencio, amparados de encinar, de matorral o peñascal, o llanada amplia y despejada de fríos valientes. Algún día hay que romper el hielo de la charca para que abreve el ganado, y todas las mañanas, el ruido del remolque de heno y paja arremolina a las vacas repartiendo las calorías necesarias para tirar p’alante.

REPORTAJES: El toro del invierno

Es duro el invierno en el campo de la España de adentro, pues por tierras extremeñas y andaluzas esta estación no es sino un otoño largo y apacible, si llueve a modo. En las dehesas del frío, cuando hay que apartar, encerrar las reses para vacunar o simplemente dar vuelta a ver las paridas, en lo alto del caballo baja el termómetro, se te quedan como ateridas las piernas si hay llovizna, y cuando viene la ventisca, la cellisca, se te tuerce el gesto de la cara.

Al vaquero y al mayoral les entra los peores genios si la vaca se marcha, o se ensota, y las voces disonantes vuelan rasantes bajo las nubes camperas por la premura de la faena y la cortedad de la luz diurna. El ganado se lo toma con mayor tranquilidad. A la fuerza, claro está, pues la falta de comida parece inmovilizarle en el ahorro de esa energía vital que por entonces ni le viene del cielo ni del suelo. La naturaleza le ha dotado de un mecanismo termorregulador como el pelo ahuecado, formando una especie de cámara aislante del frío. Así hasta llegado el mejor tiempo que pelechan, tiran ese pelo, y les sale el lustre primaveral.

Al atardecer, cada res busca su querencia. Al pie de la pared, de una roca, de una carrasca, en la junquera, a orilla de la casa montaraz o a la vera de un montón de leña, restos de la poda del encinar… Y la conserva, si puede, y regresa cada noche al mismo sitio. Y tardará en tumbarse si el pasto está mojado, permaneciendo de pie al relente como adormecidos a lo caballuno.

REPORTAJES: El toro del invierno

El ritmo circadiano, corporal, se adapta a la estación, en la ley del mínimo esfuerzo y del instinto gregario. Si llueve, quietos; si el agua viene racheada, a protegerse enseguida al cobijo de la pared, de los peñascos o el sotobosque, y si barruntan la nevada, a los altos, donde la nieve se ventea más para evitar que las vacas jóvenes o las crías se queden entrampadas en los ventisqueros.

Pero en las largas noches del crudo invierno acaecen sustos en la vacada. Por las dehesas salmantinas, cercanas a la Sierra de Francia, han vuelto los lobos. Y cuando el hielo se adueña de los altos, bajan a los prados a buscar el sustento. La llegada del lobo es detectada enseguida por la vacada, comenzando un concierto de mugidos de alarma. El ganado busca raudo el descampado para formar unos corros, grupa hacia el centro, donde proteger a las crías.

Me contaba Paco Galache Calderón que por su finca charra de Campocerado hace tres o cuatro años bajan los lobos, especie protegida, por otra parte. Los vaqueros, en la vuelta de las mañanas, saben si ha venido la loba sola o lo ha hecho con los cachorros ya criados. Según sea, habrá alguna baja en los terneros si la caza se ha dado bien, o se han atrevido con el cercado de los añojos, donde pueden matar dos o tres aunque solamente se coman uno, siguiendo su instinto el predador.

Desde las casas de la finca, en el silencio nocturno, se puede oír el alboroto de las pisadas de las alteradas reses en el pastizal. El lobo es paciente y astuto y no para de dar vueltas alrededor del círculo defensivo de la vacada hasta que un becerro se asusta o se despista y se aparta del corro, para echarle mano. Con los novillos y los toros no se meten por aquello del beneficio del sustento con el menor riesgo.

Invierno, naturaleza dormida donde el arroyo claro de escarcha, parece testigo mudo de una belleza casi muerta. Invierno donde una noche, en el refugio de la maleza, nace el recental, un becerrillo de cara rizada y ojillos indagadores, que entre los lametones de la vaca, el calostro de la supervivencia, el acurruco de la dormida y las corcovas al sol mañanero, puede ser, en su día, un trozo de la historia del toreo.

En una mañana agosteña, el mayoral de una ganadería de invierno, me hablaba de los diciembres y los eneros, esos sin lidia según El Gallo. Treinta días seguidos sin levantarse la helada.

–Ahí quiero ver a los “toreros” como vosotros– nos espetó con una mueca de sana picardía.

Pasó el calendario y la víspera de Nochebuena, con un amigo, me presenté en la finca. Un día para contarlo: agua racheada, frío llanero, barrizal de tres dedos en el camino y la neblina colgada pesadamente del alto. Aurelio estaba a dar la cotidiana vuelta al ganado. Su esposa nos atendió la espera con café de lumbre baja, bollos de manteca y una silla junto a la estufa de leña.

Cuando el mayoral, después de desaparejar el caballo y llevarlo a la cuadra, apareció por el dintel sacudiendo el chubasquero, nos saludó con un: ¡Leche!, ¿vosotros por aquí? Contesté con un poco de retranca: Buenos días mayoral, ¿qué tal la vida desde agosto? Y celebramos el encuentro con un apretón de manos y una sonrisa.

– ¿No me digáis que también hoy queréis ver los toros? Si ya no quedan casi…

– Pues veremos los novillos, pero te vamos a llevar en coche si el barro nos permite llegar hasta el pradejón, que ya estarás hasta tus reales de las inclemencias de hoy…

–Bueno, pues habrá que ir, pero esperad que me seque un poco y echemos una copa de anís para calentarnos el ánimo.

Afuera cabalgaba el vientecillo serrano y el eco del mugido cansado y lejano de una vaca. La neblina ya iba despejando y un chorrillo de sol pegaba en el alféizar de la ventana de ese campo, duro pero también bello, de los toros del invierno.

Publicado en Toros | Sin Comentarios »

Los valientes también lloran

Tarde de ambiente gris, color cemento. Afición dormida que deambula por un mar de plomo cárdeno que no rompe. Y de repente se oye el grito…

Por Juan Iranzo

REPORTAJES: Los valientes también lloran

Hace tiempo un conocido me dijo que el toreo necesitaba la muerte de un torero para que el mundo entero comprendiera la verdad que esconde. Este comentario, duro y censurable, me aflora en el pensamiento cuando la sangre de un valiente brota para rellenar espacios enteros en periódicos y portales de internet, televisiones y radios.
Esta sangre sirve de carnaza para unos medios que buscan lucrarse del dolor de la sociedad en la que parasitan. Utilizan la tragedia para vender su producto edulcorado, dejando en un segundo plano, marginal, el contexto en el que se mueve la noticia. El toreo por si solo no es suceso, debe de estar teñido de drama.

Esta sociedad, huérfana de identidad, se niega a recibir lecciones de existencia. Porque el toreo es una lección constante de los valores que rigen el camino de la vida, paso a paso.
Prefiere caminar sobre la comodidad, el egoísmo, la falta de principios y creencias. El mínimo esfuerzo.
En este mundo no tiene cabida sentir y soñar. Prefiere olvidarse de los cimientos que forjaron nuestro pasado para construir un nuevo modelo sin sostén, sujeto a la idea de vivir arrastrado al servicio de la pereza más egoísta.
Y la muerte. La muerte no forma parte de ella. Le da la espalda para engañar en su adoctrinamiento pretendiendo convertirla en un tabú. Por cobardía. Por egoísmo. Duele morir y por eso hay que vetarla.

El torero mira a los ojos a la muerte, le tutea y sigue caminando por la vida. Es dueño de su destino porque lo asume y lo defiende. El modelo de sociedad que se nos plantea cada día, se esconde de la muerte, la evita y nos anima a ser cuerpos huecos, sin sentimientos y fervores.

El torero vive porque no tiene miedo a morir. Es amo de su realidad y asume cada tarde un epílogo para comenzar un nuevo prólogo. Crea su obra zafándose de la muerte esculpida en los pitones de un toro, a veces cárdeno, sin guión ni ensayos, y cuando se muere, se muere de verdad.
El pundonor de estos héroes llega a rozar parámetros lejos de lo propiamente humano, llegando a seguir materializando su creación aun traspasados por las astas del toro, haciendo que esa cornada parezca un simple rasguño y restando importancia al boquete que poco a poco los va desangrando.

Pero en ocasiones el percance llega a ser escandalosamente duro, dantesco. Es entonces cuando la plaza enmudece, el color gris se apodera del ánimo de las almas y los toreros bajan un peldaño para convertirse en seres más mortales.
Por el ruedo caminan, en nerviosa procesión, unos curtidos hombres que portan al torero yacente, como un ecce homo que a su paso tiñe el albero con sangre. Un camino que parece interminable hasta llegar a la enfermería donde esperan la llegada del milagro en manos del equipo médico.

Mientras tanto, la lidia sigue. La tarde sigue. El toreo no se acaba, y la vida continúa. Los toreros que acaban de presenciar la laceración de las carnes del compañero deben de hacer frente a su destino y seguir con la obra.
Es la obra en la que se sangra de verdad y esta vez le tocó a otro, que grita de dolor acordándose de sus niños.

Y los toreros lloran. Los valientes también lloran, mientras su mirada se pierde en el horizonte. Tragan saliva y salen por la tronera del burladero a ponerse en los terrenos donde los toros acuchillan. Pisan el mismo suelo en el que se acaba de consumar la desgracia. Y lo hacen en busca de su creación, esta vez condicionada por la atmósfera de hormigón que aplasta los corazones de los congregados en la plaza, y el suyo propio.

Aún huele a tragedia, y la incertidumbre de no saber si la vida del hombre caído se escapa por las heridas, aturde los ánimos de las almas más fuertes.
Así es la verdad de la propia vida. Vivir para morir. Sentir a la muerte para saber que aún estás vivo. Caer y levantarse.
Así es el toreo, y así es nuestra propia existencia.

Publicado en Reportajes, Toros | 2 Comentarioss »

De refranes y toros

No es razón exponer en este artículo la riqueza de adagios, proverbios y sentencias que contiene el refranero español, pero como el toreo es materia nacida del pueblo y el pueblo ha dado vida a tantos dichos y “verdades” nacidas de la experiencia, no está de más apuntar un puñado de refranes que tengan a la tauromaquia como escuela para la vida.

REPORTAJES: De refranes y toros

Comencemos por decir que ya la Biblia, al hablar a cada nación en su lengua propia, inculca cierto número de máximas y sentencias que hacen fácil el mensaje que se quiere transmitir y más rotunda una idea. En sus textos ya se habla de que “El temor de Dios es el principio de la sabiduría” y quizá de ello tomó buena nota el Beato Thomas de Kempis a la hora de expresar estas filosofías populares para que el mensaje llegara con nitidez a todos. Él escribe en el libro I de su “Imitación de Cristo”, capítulo XIX, que “El hombre propone, Dios dispone”, quizá sin saber que el refranero castellano lo enmendaría añadiendo “y el toro lo descompone”. Bajo este fondo pesimista que siempre late en los proverbios taurómacos pueda entenderse la famosa sentencia que hiciera El Guerra al ver torear a un joven novillero: “Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”. No está recogida en el refranero que el rey Juan le encargara al Marqués de Santillana y ni siquiera en la Carta de Refranes de Blasco de Garay de 1541, pero lo cierto es que pudiera perfectamente estarlo por breve, agudo, común en su uso y doctrinal en el fondo. Algo así ocurre también con aquel rotundo aserto que decía: “A las putas y a los toreros, a la vejez los espero”. Mensaje hondo para aquel que no cuida de su futuro.

También es cierto que el toro es la metáfora perfecta para asumir y afrontar una situación de peligro. El toro está en la cultura popular de España, de ahí que el refranero recoja máximas como “Hasta el rabo todo es toro”, “Pelean los toros, mal para las ramas”, “Del toro manso me libre Dios, que del bravo me libro yo” o “Al toro y al loco, de lejos. Consejo de viejos”.

Ni qué decir tiene que los toros “mejor verlos desde la barrera” que “verse en los cuernos”, adagios que insisten en las situaciones comprometidas y en la necesidad de evitarlas, si bien no hay nada que importe ni lugar que evite una posible desgracia cuando se dice aquello de que “Ciertos son los toros. Cuando están en el coso o en el corral”. Pero de toda la monografía sobre refranes, adagios y proverbios castellanos quizá uno sólo debería ser ley para un espada: “El toro de cinco y el torero de veinticinco”. Sentencia definitiva que las viejas glorias se resisten a cumplir.

Publicado en Reportajes, Toros | 2 Comentarioss »

La otra temporada

Lejos de la televisión, revistas o portales de internet, se desarrolla la otra temporada, esa que circula por pueblos de todo el planeta taurino, a un lado u otro del Atlántico, y siempre con el sabor que ofrece lo auténtico, lo imprevisible, lo que esta exento de protocolos que miman los edulcorados cimientos de lo artificial.

Esta historia comienza en un pueblo serrano. Pueblo rudo, esculpido a base de largos inviernos helados al fuego de la chimenea, y que convierte los septiembres en escaparate para la celebración de sus fiestas patronales.

REPORTAJES: La otra temporada
REPORTAJES: La otra temporada

Llegamos a las doce menos unos pocos minutos, los justos que nos acercan a “en punto” a las afueras del municipio donde hace varias décadas se construyó una plaza de toros, ejemplo que ilustra la gran afición desmedida de los pueblos serranos por el toro.

Bajo un sol que cae a plomo nos colocamos en las duras tablas que delimitan la manga por la que un inminente tropel de bueyes, caballos y novillos desembocará en el ruedo bajo la mirada de gentes llegados de los pueblos colindantes y de turistas, muchos turistas, que dan vida a estos lugares hasta que los primeros aires fríos pregonen las nieves que cubrirán con un manto blanco los pinares que nos rodean. Los encierros a caballo son la seña de identidad más fuerte de la que pueden presumir muchos pueblos de las serranías.

A lo lejos, el gentío se anima y nos hacen intuir la llegada inmediata de la manada. Los gritos de los vaqueros y el sonido rotundo de los cencerros nos encogen el alma, mientras cientos de corredores se apresuran en tomar la puerta de la plaza donde tomar sitio seguro.
Ya llegan. Cabestros gigantescos acompañan en una carrera alegre a cinco erales que pasan delante de nosotros sin apenas dejarnos tiempo para pestañear.

Ya con bueyes y novillos dentro del ruedo, atravesamos la puerta que da acceso a la plaza para ubicarnos en el callejón, que está lleno de gente que no quita ojo a lo que acontece en el redondel. Unos repasan con mirada fija a cada novillo, presumiendo su futuro juego por la tarde. Otros se asombran del descomunal tamaño de los bueyes. Otros mueven el ganado, y los más osados se aproximan tanto a las reses, que un eral levanta la cabeza en señal de medir distancias.

Con las ganas saciadas de contemplar los animales en el ruedo, ganadero y mayoral a golpe de voz, introducen los novillos en los corrales, devolviendo los bueyes al recorrido por donde vinieron. Ellos solos llegarán a la finca de la que partieron orientados por las querencias y por la costumbre que dan los años de haberlo hecho.

Después, tras las presentaciones pertinentes, las cuadrillas que acompañan a los jóvenes toreros, se sortean los novillos tras consenso de seleccionar que números entran en cada lote.
—Al ganadero le gusta mucho el número 2. Está en la línea de la casa, muy en Coquilla— apunta un buen aficionado antes de comenzar el protocolo.
—Los lotes van por tamaño. Dejamos el 10 de sobrero que destaca más por grande, y metemos los dos más chicos con los más descarados— responde en alto un banderillero.
Para los que se juegan la vida vestidos de torero, cada tarde deben de hacer frente a sus miedos, y cualquier detalle, inapreciable o sin importancia para la mayoría, supone un mundo de pensamientos, matices o sensaciones.

Acabado el sorteo y tras las indicaciones pertinentes al torilero al que informarán del orden de salida de cada res, partimos a un restaurante cercano. Son fiestas y el ambiente es inmejorable. Las cuadrillas se van a la habitación que hará de santuario hasta cerca de las seis, hora del comienzo del festejo. Delante de la puerta desfilan uno a uno los grandes coches que arrastran los van donde se transportan los caballos que participaron en el encierro.

Tomando unas frías cervezas poco a poco la calle se despeja. Es la hora de comer, y hasta en sus fiestas, un pueblo entero se paraliza para descansar durante un par de horas.
En compañía del equipo presidencial, la Teniente de Alcalde que hace de anfitriona y los acompañantes de los novilleros, nos disponemos a sentarnos a la mesa. Una abundante comida serrana sirve de hilo conductor a conversaciones que quedan en la intimidad de la mesa, pero con trasfondo tan profundo e importante, que en pocos minutos arreglamos el mundo.
—El negocio taurino vive de espaldas a la propia fiesta. No piensa en sus clientes— Apunta un comensal, siendo apoyado por el resto de acompañantes con numerosos argumentos.
—Lo de las firmas… no saldrá. Han dejado su pan y su futuro en manos de los aficionados. Es surrealista, no se han mojado nada.
—No se puede pedir que la gente apoye algo que no conocen. ¡La fiesta hay que enseñarla!

CAMPO DE TOROS:

Pasan los minutos en un ambiente distendido y cordial, momentos en los que queda claro “el por qué te gustan los toros” y respondes a tantos momentos en los que has cuestionado tu propia afición. Cada palabra es tenida en consideración por el resto de oyentes, que acompañan con sus opiniones la charla, tornada ya en auténtico simposio.

Pero suena un móvil. Es el de la Teniente de Alcalde.
—¡Un incendio! Se nos quema el monte.
Miramos por el gran ventanal que señorea el salón y vemos un preocupante humo que sale de un paraje cercano, a  escasos kilómetros del propio pueblo.
Con el corazón lánguido por lo preocupante de la situación, intentamos seguir conversando, ya sin la participación de las autoridades del pueblo que se prestan veloces a tomar rumbo al foco. Faltan dos horas para el comienzo del festejo y dos helicópteros vuelan sobre el humo del pinar.

Al rato, las noticias llegan de la mano de un vecino que informa del control de la situación, y al tiempo, el humo empieza a desaparecer hasta convertirse en una mísera neblina. El fantasma se aleja y llegan los caballistas que harán de alguacilillos. Una montura perla y otra torda —ya blanca— son ensilladas para dar una pequeña vuelta y templar el ánimo de cada animal.
Al mismo tiempo llegan los primeros aficionados, que se prestan a sacar las entradas que darán acceso a la coqueta plaza serrana.
Los alguacilillos se van a un local del municipio que hará de improvisado vestuario y los espadas llegan acompañados de su séquito de confianza. El presidente con los pañuelos de colores en la mano conversa con la veterinaria que se presta animosa a desvelar vivencias corridas en otros pueblos.

Llega el Alcalde, impecable y repuesto ya del sobresalto, que junto con su Teniente piden a una chica que avise a los alguacilillos.
—Diles que por esta puerta—
Éstos, se demoran en llegar. Uno de ellos, traicionado por las prisas que supone salir del trabajo, comer rápidamente, cargar los caballos y partir para el pueblo vecino, se dejó la camisa blanca que acompaña el traje de corto. No hay mayor problema. Un joven vecino de la localidad le presta una del tendedero.

—Ya estamos todos—
En pequeña procesión, las autoridades del pueblo, y del festejo, acceden a la plaza bajo el amparo del Alcalde. Protegido en la agradecida sombra del palco, el Presidente saca el pañuelo blanco que anuncia el comienzo del festejo.
Empieza la tarde. Atrás quedaron horas de trabajo, desvelos, equilibrios en el presupuesto municipal, largas conversaciones al teléfono, viajes al campo, sobresaltos impredecibles…
Pero, el pueblo tiene toros.

Publicado en Reportajes, Toros | Sin Comentarios »

 Page 1 of 7  1  2  3  4  5 » ...  Last » 

publicidad

Taurochiquillos
Tinta y oro
Decoramaquia
Vualá

Titulares Columna Derecha

Actualidad, Juan Belmonte: 50 años de su muerte

Actualidad, Juan Belmonte: 50 años de su muerte
ACTUALIDAD por Cultoro

La actualidad de un vistazo. Ver Artículo Completo

 

Nuevas fórmulas para mejorar la fiesta

Nuevas fórmulas para mejorar la fiesta
HUMOR GRÁFICO por Cultoro

Ver Artículo Completo

 

El toreo profundo

El toreo profundo
INSTANTES DEL TIEMPO por Cultoro

La profundidad en el toreo habla de técnica y de cierta capacidad para emocionar. Pero el toreo profundo va mucho más lejos que ceñirse a formalismos. Así, atravesando montañas, ríos y Ver Artículo Completo

 

Ecología

Ecología
TOROS PARA NIÑOS por Cultoro

La dehesa es un tipo de bosque en donde vive el toro. . . Además es un ecosistema donde viven otros animales salvajes y contribuye a ser un gran pulmón verde para nuestro planeta. Ver Artículo Completo

 

Escuela de tauromaquia

Escuela de tauromaquia
ESCUELA DE TAUROMAQUIA por Cultoro

Ver Artículo Completo

 

Campo de Caballos

Campo de Caballos
CAMPO DE CABALLOS por Cultoro

Ver Artículo Completo