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11 de Abril, 2012
En el quinto toro, con la sombra del otoño poniendo la arena de color del romero, la tarde se marcha ayuna de clamores. En el tendido, un gitano grandote se levanta. Alza las manos igual que un profeta, y con los ojos fijos en el cielo azul, gritó: Rafaé, si no fuera por nozotro ¿qué iba a ser de ti?
Rafael de Paula, ante la ternura milenaria que se filtró por el reproche de aquel grito de cansancio, empezó a torear de manera magistral. El cambio duró poco, pero lo hubo. Al día siguiente, los gitanos de Jerez decían a los de El Puerto: lo que ó habéi perdío…
“Tientos de los toros y su gente” de L. Jiménez Martos
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27 de Marzo, 2012

Corría el año 1888 y de su fina ironía daban razón las palabras que a continuación se reproducen:
“Toros mecánicos. Llegará a haberlos, sí señor, o el progreso es una palabra vana.
Tengo vivísima fe en los adelantos modernos, y poseo la firme seguridad de que no tardará en surgir un nuevo Juanelo Turriano que construya toros automáticos, tan perfectos como la maravillosa figura de movimientos que dio nombre en Toledo a la calle del Hombre de Palo… De tal suerte van poniéndose los ganaderos de reses bravas, que si un hombre de genio acertase a fabricar toros mecánicos, arruinaría en poco tiempo a todos los criadores de toros auténticos, dejándolos sin clientela. Empresas y toreros preferirían los toros automáticos.
Las empresas porque sabrían a qué atenerse respecto a la calidad del genero, y porque les saldrían mucho más baratos que los de carne y huesos, atendida la facilidad con que, una vez arrastrados, se les podría volver a armar, remediando sus desperfectos y dándoles cuerda nuevamente para “torearlos” en corridas sucesivas.
Los preferirían también los toreros, porque conocerían de antemano las condiciones de las reses, puesto que la casa constructora expediría toros a la medida y a gusto del consumidor, con tantos y cuantos derrotes garantizados; con tales y cuales grados de bravura; con esta o aquella cantidad de empuje, velocidad, etc.
Y no crean por eso las almas sensibles que la vida de los lidiadores quedaría asegurada.
Conténtense esos espíritus generosos –ya que a los filántropos y humanitarios les interesa más la vida de las bestias que la de los hombres –; conténtense, digo, con saber que el prodigioso invento de los toros mecánicos libraría de los horrores de la lidia a los pobrecitos jarameños, marismeños y colmenareños, que ahora pagan el pato…
Y a las nuevas máquinas sería más difícil torearlas mal y más fácil torearlas bien, porque las reses de movimiento estarían compuestas y construidas para no responder más que a las suertes ejecutas en regla.
Así, ni los toreros tendrían para que disculparse, llamando güelles a los toros, ni los “ganaderos” podrían llamarse a engaño, como presentasen reses perfectamente dispuestas y acondicionadas.
A las que se interrumpiesen en plena lidia se les daría cuerda, en equivalencia del actual vilipendio de las banderillas de fuego, y a las que no diesen juego alguno, se las llevaría al corral en brazos de los nonos sabios, provisto cada cual de su cencerro correspondiente, a fin de conservar la tradición de los cabestros.
- ¡Hombre!, para broma basta.
- Pues no basta, lector pacientísimo, porque continuando de deducción en deducción he pensado también: ¿Eso que se hace con los toros, no podría hacerse asimismo con los toreros?
Alto ahí, volverá a decir el lector:
- Usted, por lo visto, sueña con convertir el toreo en un espectáculo de fantoches.
Y yo confesaré mi error, y cantaré la palinodia, y reconoceré que, efectivamente, me he caído de un nido; pero diré en conclusión:
- Fantoches por fantoches, los de ahora son peores y más caros.”
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13 de Marzo, 2012
Foto: Sevi
“Harto más avisados que nosotros eran los españoles de la antigüedad, y harto lo probaron en la tremenda paliza que dieron a los cartagineses a cuatro leguas de la vieja Salduba (hoy Zaragoza), si hemos de creer a historiadores como Florian de Ocampo o Duchesne.
Amílcar Barca, el gran caudillo cartaginés, pudo dar cuenta de los mil y un pueblos en que se dividían los habitantes de la Península; pero en cuanto se juntaron oretanos y ólcades, túrdulos y turdetanos, carpetanos y vetones, corietes y austrigones, bastetanos y bástulos, etc, etc, para dar al invasor la batalla definitiva, la cosa varió de aspecto.
El encuentro fue a orillas del Ebro. La infantería cartaginesa fue impotente para romper las apretadas filas de los Iberos. Amílcar tuvo que apelar a su recurso supremo, y la formidable caballería númida se precipitó sobre las masas de indígenas. Pero ¡cual no sería el asombro de la caballería al ver que, detrás de los españoles, surgían movibles torbellinos de fuego, que avanzaban en revueltos giros contra los cartagineses! Los Iberos habían reunido verdaderas manadas de toros en cuyo testuz ardían hacecillos de paja impregnados de pez y alquitrán. Los toros son arrojados contra el enemigo y aquellas columnas de fuego, que corren, giran y vuelven a correr destrozan al ejercito cartaginés que cae deshecho. Amílcar, en su huida se ahoga en las aguas del Ebro. Su derrota fue de gran trascendencia para la altiva Cartago, y el efecto que produjo en los Iberos fue tal, que todavía se festeja en Aragón”.
Quizá por ello al toro de fuego se le llame Toro Jubillo por estas tierras, palabra que no es otra cosa que toro de júbilo o alegría.
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05 de Marzo, 2012
Al mismo tiempo, los habitantes de Barcelona, especialmente las mujeres, han iniciado una campaña tenaz en favor del indulto del noble toro. Comisiones de mujeres de todas las clases sociales han visitado al representante de la ganadería Cobaleda, a los toreros, a las autoridades, a los empresarios de la corrida.
Otras han hablado desde la emisora de radio o han pronunciado conferencias. A las oficinas de la Plaza de Toros, a los hoteles donde se hospedaban los toreros, han llegado montones de cartas y telegramas, no ya sólo de Barcelona, sino de toda España.
Ajeno al escándalo levantado por el anuncio de su muerte, Civilón rumiaba filosóficamente el pienso de los corrales de la Plaza. Quizá estaba un poco desconcertado por el brusco cambio de paisaje. De la libertad de la dehesa, ancha y llana, a un angosto y desierto corralillo; de los trajes obscuros de los vaqueros y sus fuertes gritos guturales, a los vestidos perfumados y vaporosos de las señoritas que iban a visitarlo todas las mañanas y a sus palabras dulces y acariciadoras.

Con sus ojos anchos, húmedos e inmóviles, el toro ha contemplado durante una semana el ir y venir ajetreado de toda la gente que quería verle y acariciarle. Se ha dejado tocar los cuernos y el testuz, acariciar la luenga papada y que le diesen palmaditas en los lomos. Se ha prestado a posar ante el conocido escultor Florencio Cuairán, que, mientras que lo acariciaba, iba modelando su figura; grupos de fotógrafos y de aficionados han disparado centenares, millares de veces, sus máquinas sobre el paciente animal. Otro toro -uno cualquiera de sus hermanos, gloria y orgullo de la familia de los Civilones- hubiese protestado de tanto abuso.
-Esto es demasiado- habría dado a entender con sus actitudes y sus cuernos amenazadores.
Y los curiosos, aterrorizados, se hubiesen apresurado a huir. Pero Civilón, no ha “dicho” nada. Con un estoicismo impropio de su raza se ha dejado acariciar y palpar por todo el mundo. Unicamente de vez en vez, cuando ya estaba muy cansado de dejarse manosear, se alejaba de los grupos que invadían su corralillo, buscaba un rincón umbroso y propicio y se echaba a dormir…
BATALLA POR LA VIDA DE UN TORO
La Plaza Monumental de Barcelona se llenó de espectadores la tarde en que iba a ser lidiado Civilón. Acudieron aficionados de toda Cataluña, de Madrid, de Valencia, del sur de Francia… Veinticinco mil personas acudieron sudorosas, sedientas, casi asfixiadas por el sol y por el polvo, aguantaron estoicamente la incomodidad de sus asientos y la inclemencia de una tarde canicular para ver torear al toro más popular de España.
Había muchas mujeres. En las barreras, en los tendidos, en los palcos, en las gradas, incluso en las localidades de sol, los trajes blancos o estampados y las amplias pamelas de paja daban un aspecto especial a la Plaza. Otras muchas mujeres que no pudieron o no quisieron entrar aguardaban noticias a pie firme en las puertas del coso, y cada vez que salía a la calle un espectador le rodeaban, acosándoles a preguntas:
- ¿ Han lidiado ya a Civilón ?
- ¿ Lo van a matar ?
- Lo indultaron, ¿ verdad ?
Dentro de la Plaza, la corrida iba deslizándose sin historia, interrumpida de vez en vez por esos incidentes menudos que escoltan a la fiesta de los toros: la caida de un picador, el volteo aparatoso y sin consecuencias de un torero, la rivalidad entre los sectores del público, uno que aplaude y otro que silba…
Por fin le llegó el turno de ser lidiado a Civilón. “Quinto -decían los programas-: Civilón. Negro, lucero, meano… ”
En medio de un silencio impresionante, clarines y timbales sonaron quizás con más fuerza que de costumbre; se abrió la puerta del toril, y el animal domesticado por Carmelilla Cobaleda salió, paso a paso, hasta el centro del ruedo y quedó allí un momento, erguido, contemplando estupefacto aquella muchedumbre silenciosa. Un peón le brindó su capote. Civilón arrancó despacio hacia él, olió la tela, sopló… y se volvió hacia el extremo opuesto de la Plaza. Salió otro banderillero, y de nuevo agitó ante él la roja capichuela. Civilón volvió a arrancarse al trote, volvió a soplar y esta vez se alejó en busca de la soledad. Por último, El Estudiante intentó veroniquearlo.
El toro pasó dos veces, pero a la tercera inició unos cuantos saltos acompañados de sus continuos soplidos y, volvió la cara otra vez.
- ¡ Manso, manso, que lo piquen !…- empezaron a gritar los hombres.
Entonces empezó el escándolo. Los hombres querían que siguiese la lidia, que picasen y banderilleasen a Civilón, para ver así la embestida. Las mujeres, en cambio, chillaban pidiendo el indulto del animal e insultando con gritos a los toreros que intentaban lidiarlo. En algunos tendidos aparecieron diferentes carteles. ” Estudiante, tú eres bueno -decía uno de ellos-. No mates a Civilón“.. “Pedimos el indulto del toro amigo de los hombres”- se leía en otro-. Mientras tanto, en el centro del ruedo, Civilón seguía con sus carreras al trote, y los toreros aguantaban resignados la bronca que se avecinaba.
Por fin, el presidente agitó un pañuelo. Los toreros se retiraron; aparecieron los cabestros y Civilón marchó alegremente tras ellos, entre ovaciones y silbidos. Las mujeres lo habían salvado…
“CIVILÓN” SE DEJABA BESAR
Sí. Lo besaron las mujeres. Quizá picado y banderilleado, Civilón hubiese cumplido de un modo corriente, como cumplen la mayoría de los toros que no son muy bravos ni muy mansos; pero en ese caso, lo más probable es que hubiese muerto. Las mujeres que llenaban la Plaza se adelantaron a los acontecimientos y evitaron así que lo mataran.
En la tarde canicular, imponiéndose al sol, al polvo y al calor, los gritos y los pañuelos de las mujeres ganaron la batalla a los hombres, y Civilón fué indultado. A ellas, a las mujeres de Barcelona, tendrá que agradecer Carmelilla Cobaleda que el toro domesticado por ella vuelva vivo a la dehesa. Después de terminar la corrida, en los corrales de la Plaza, las mujeres desfilaban para acariciar a Civilón. Vi a una niña, una criatura de dos años, que se empinaba para besarlo, mientras el animal, quieto y pacífico, inclinaba su poderosa cabeza…
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04 de Enero, 2012
Plaza de El Puerto de Santa María, 29 de diciembre de 1974 (Foto Rafa. Archivo Municipal de El Puerto de Santa María)
Es El Puerto de Santa María, en Cádiz, allá por la primera mitad de los años 70. Una plaza que se llena y no es para vibrar con los toreros de aquella época dorada.
Llegan los Reyes Magos con su séquito y miles de niños sueñan con que lleguen los juguetes que han pedido.
Si hay algo más bonito que una plaza de toros llena… es una plaza de toros llena de niños por Navidad. Un paseíllo cargado de ilusión.
Feliz año nuevo y que los Reyes traigan los deseos que cada uno anhelamos.
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11 de Diciembre, 2011
No toreó ese año en San Isidro, por no habérsele respetado la costumbre de confirmar una alternativa la tarde de su debut en la feria.
En Dax, por exigencias de la afición gala, tuvo que ser contratado por la misma empresa madrileña, donde al final sucedió lo que la revista editó como ”el abrazo de Dax”, entre el torero y los empresarios.
Tiempos pasados, donde bastaba un gesto sincero para dar por finalizado un desacuerdo.
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22 de Noviembre, 2011
Foto Botán
N. de la R. Crónica de ABC. Domingo 2 de mayo de 1965
“El Cordobés” da unos lucidos. Paco Camino, haciendo uso de su derecho reglamentario, se va hacia el toro dispuesto a realizar su quite. El toro no se arranca. Camino se quita la montera y se la lanza al animal para encelarle. Y vaya si se encela. Allá va el toro y Camino le da cuatro chicuelinas que ponen de pie al público. Una ovación de las que con frecuencia denominan “delirantes”. El asunto no va más, de momento. Pasa el tercio de banderillas. “El Cordobés” está pidiendo permiso a la presidencia para iniciar la faena de muleta y, entre tanto, Paco Camino va hacia uno de los burladeros, atravesando el ruedo. El público que todavía tiene en los dedos el picorcillo de la ovación que le ha tributado, renueva sus muestras de agrado al torero de Camas. La conciencia del menester que está cumpliendo el de Palma del Río y los aplausos que está recibiendo su compañero ponen el termómetro pasional al rojo vivo.
Los presagios de los hombres del tiempo pasan al planeta taurino. Y en ese ambiente “eléctrico” empieza su faena de muleta “El Cordobés”. Que para colmo no agrada al respetable, pues el toro, que salió boyante y parecía bueno, no le da la razón a los pronósticos y va para abajo. Mata “El Cordobés”. Bronca. Al retirarse al callejón le dice ciertas palabras a Paco Camino. Los que estaban cerca aseguran “que le increpó con dureza”. De las palabras a los hechos, en primavera, cuando no se dominan los nervios, no hay más que un paso. Puñetazos, intervención de los allegados de uno y de otro, de la fuerza pública… Y luego, la paz. Vicente Punzón, el toricantano que dicen los clásicos de la crónica taurina, les brinda el sexto toro y les invita al abrazo, y el abrazo se produce. Un veterano y gran torero, hoy ya retirado, nos decía anoche que “son cosas de las jóvenes figuras del toreo”, que no se dominan.
El dominio sobre sí mismos es una asignatura obligada para todos los hombres, más —si cabe— para quienes viven de cara al público. El espectáculo trágico y grande que es el toreo pierde su verdadera dimensión cuando hechos como éste se producen. Sin dramatizar—afortunadamente no se recuerdan “gestos”—, hay que decirlo: sería conveniente que las figuras frenaran sus impulsos y evitaran este otro tipo de “espectáculos”. En el redondel se torea y se boxea, en el cuadrilátero.
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02 de Noviembre, 2011
18 octubre 1942.
Despedida de Marcial Lalanda en Madrid.
Cartel sugestivo y lleno total. Seis toros de D. Antonio Pérez de San Fernando –que se había presentado en Madrid el 9 de octubre de 1913– para Marcial, Pepe Luis y Juan Mari Pérez Tabernero que confirmaba la alternativa. Marcial no pudo contener las lágrimas cuando vio rodar a su último toro mientras el público le tributaba delirantes ovaciones.
El día de la confirmación de su alternativa en Madrid –7 de mayo de 1922– moría trágicamente en el mismo ruedo Manuel Granero. Marcial Lalanda, el “joven maestro” como le bautizó la crítica, el “más grande” según el pasodoble, mató 2.271 toros en 1.070 corridas, y veintiún años de profesional.
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25 de Octubre, 2011
Cartel de la despedida
19 octubre 1913.
Se despide del toreo RicardoTorres “Bombita”.
También en Madrid, en una corrida de ocho toros, cuatro de Concha y Sierra y cuatro de García de Lama, sustitutos de los anunciados de Benjumea, se despidió de la profesión uno de los toreros más simpáticos y valientes de todas las épocas: “Bombita”.
En la despedida, sus emolumentos pasaron a los fondos de la Asociación Benéfica de Auxilios Mutuos de Toreros –más tarde Montepío- por él fundada.
Alternó aquella tarde con “El Gallo”, “ Regaterín” –que sustituía a Belmonte– y “ Gallito”. “El Bomba” toreó muy bien, brindando la muerte del quinto a la reina Victoria y a su hija la Infanta Isabel. Al final del festejo, un amigo ganadero, D. José Becerra, le cortó la coleta en el centro del ruedo, despidiéndose el diestro del público dejando la montera en el suelo.
Durante la faena de muleta, la banda del Hospicio tocó en honor del maestro, cosa que nunca había ocurrido en la plaza de Madrid, en la que pasearon por el ruedo al diestro los propios toreros y el público sacó por la Puerta Grande.
Apoteósica vuelta al ruedo
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18 de Octubre, 2011
Machaquito, a quien vemos con su esposa, el 21 de octubre después de “cortarse la coleta”
16 octubre 1913.
Retirada de “Machaquito”, Alternativa de Belmonte y escándalo mayúsculo en la plaza de Madrid.
Para la alternativa de Belmonte se anunció una corrida del Marqués de Guadalest. Desechados en el reconocimiento fueron sustituidos por otros de Bañuelos. El toro que abrió plaza, protestado, volvió a los corrales, así como el sustituto de la misma ganadería. Apareció uno de Olea con el que, por fin, pudo doctorarse Belmonte.
La corrida se lanzó cuesta abajo al devolverse otro de Bañuelos, sustituido por uno de Guadalest de los desechados, al que “El Gallo” mató entre gritos y silbidos.
Como el horno ya no estaba para bollos, en el siguiente toro de Bañuelos, manso y fogueado, el público promovió una fuerte algarabía y se arrojó al ruedo, aun estando el toro en la arena. Tuvo que intervenir la fuerza pública para desalojar a esos espectadores levantiscos y, ya calmados los ánimos, prosiguió la función devolviéndose otro toro más y matando “Machaquito” un manso y fogueado, el penúltimo de su vida torera, pues tuvo que despachar el último ya que Belmonte se hirió en una mano con la espada tras varios intentos de matar su toro.
“Machaquito”, después de esta desastrosa corrida, a los pocos días, se cortó la coleta en la intimidad.
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