Revista digital cultural taurina

Tendido abierto

La belleza

No niego que en ocasiones, la indolencia, la soberbia y la mezquindad con la que se maneja el mundo del toro, provoca en no pocos aficionados y periodistas una tendencia inusitada a echar la bilis por el belfo si en sus terrenos se coloca por circunstancias un simple micrófono. Si de publicar en prensa se trata, tiembla el misterio.

TENDIDO ABIERTO: La belleza no tiene cura

Pero hay algo curioso que sucede siempre: Vuelven. Ninguno deserta de esta pasión que son los toros por razones que van más allá de la simple lógica.

Y es que si te asomas a un tendido instantes antes del inicio del paseíllo, inevitablemente te contagias de felicidad. No hay ambiente parecido al de una plaza de toros antes de la corrida. Las gradas chispean de esperanza e ilusión, y el sol, el aire libre y el brillo de los vestidos de torear semiocultos en el patio de cuadrillas te perfuman el alma para hacer que te sientas dichoso mientras un signo de interrogación se planta en tu pensamiento. ¿Qué será?

Luego, la seda negra de los vestidos que lucen los alguacilillos ponen un punto y coma en este texto que apenas ha escrito su primer párrafo. Su paseo en solitario bajo el runrún de la grada hace que sus caballos se sientan acontecimiento. No conozco dos tíos más elegantes que los alguacilillos de la plaza de Córdoba. Y no conozco dos animales más soberbios que sus brillantes cabalgaduras.

Y en esas disquisiciones, en tal distracción, te sorprende la música mientras los dos golillas ya están parados ante la puerta de cuadrillas para recoger a los que se van a jugar la vida.

La solemnidad, la elegancia y la explosión de colores que se escenifica en el paseíllo no tiene parangón ni precio. Decían los maledicientes que Curro Romero daba lo mejor de sí andando el ruedo y enfundado en un capote de paseo. ¡Qué quieren que les diga!, la altivez de su rostro y el empaque de su figura lo semejaban a un emperador lleno de gracia y majestad.

Y ahora los toreros inclinan la cabeza. En ese instante los sentidos se desbordan al vaivén de capotes que torean al viento a la vera de las tablas. Las ondulaciones de sus movimientos, el colorido de sedas que van y percales que llegan, inevitablemente, acarician tu retina. Y cuando suenan los clarines que anuncian el miedo y el toro pisa la arena, o subes al cielo o bajas al suelo, pero inevitablemente vuelves al día siguiente porque la droga de esa belleza no tiene cura.

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La verdad que el toreo esconde

Tengo claro que esta columna de mis fantasías, ensueños y quimeras, la que llevo prendida de mis dedos durante ya mucho tiempo, no es más que una terapia de aficionado para poder echar fuera las frustraciones a que te aboca el taurinismo patrio, que es redicho, ladino y zascandil.

TENDIDO ABIERTO: La verdad que el toreo esconde


Y no es poco, créanme, ya que no a todos se les ofrece la posibilidad de quejarse en voz alta y elucubrar sobre el toreo y sus contradicciones, de esa luz que ilumina un ruedo en tarde de toros, pero también de las mil y una sombras que oscurecen los callejones traseros de este negocio.

Es verdad que desde esta página de toros se ha puesto a parir la acción y omisión del taurino revenido que con cambalaches se ha manejado entre bastidores y también esas prácticas de dudosa índole con las que han tratado a novilleros, toros, aficionados o simples espectadores, ofreciendo una imagen rancia y apolillada de este espectáculo en el que han sobrevivido, sobreviven, demasiados mediocres. Es verdad.

Por eso alguien, un amigo, se acerca un día a ti y con toda su buena intención te pregunta la razón última por la que sigues yendo a los toros, el motivo por el que no mandas a paseo un espectáculo “decadente” –esta es su visión del toreo- en el que cuatro lagartos se aprovechan del idealismo y romanticismo de mucha gente.

Y ahí es donde uno coge aire para hacerle entender que se ama apasionadamente esta parte, la de la ilusión por una tarde en el Puerto de Santa María o en la Maestranza hispalense, la de la poesía en una tanda de naturales, esa misma que vive en tu imaginación y que sólo algún torero, por Pascua y con flores, la derrama ante tus ojos para hacerte sentir la grandeza del arte. Y le haces entender que a veces necesitas que el alma te la hagan jirones con la belleza de una trinchera de Morante o el desprecio de la vida y de la muerte con el que José Tomás enfrenta un par de pitones.

Por eso te digo, querido amigo, que mientras pueda y me dejen iré a los toros para exprimirme los sentimientos a pesar de conocer demasiado lo que la verdad esconde. Así de excelso y hondo es el toreo. Y si un día te apetece, pues vienes.

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El adiós. . . de los Coquillas de Cifuentes

Por Mariano Cifuentes

Llevo tres meses meditándolo, la verdad, no pensaba hacerlo de una manera tan drástica.

Mi primera idea fue reducir la ganadería a la mitad y esperar acontecimientos, pero la prolongada sequía, la subida tan acalorada de los piensos y la paja, me han hecho despertar a la realidad y ver que actualmente es inviable transformar un becerro en toro de lidia con el alto costo que conlleva, para después tenerlo prácticamente que regalar.

TENDIDO ABIERTO: El adiós... de los Coquillas de Cifuentes

El nuevo virus Schmallenberg si nos atacara, no existe vacuna alguna y la preparación podría durar aún dos años.

La pertinaz sequía supone un problema añadido tan grave para los ganaderos que afrontamos en la actualidad una pérdida de rentabilidad ante la imposibilidad de trasmitir al producto final el incremento de los costos de producción.

En algunas explotaciones comienzan a llevar cisternas de agua para el ganado. “Acarrear agua es lo más caro que hay, sólo hay que comprar una botellita de agua mineral para saber lo que cuesta “.

Por tanto es una decisión muy meditada, al fin y al cabo se trata de cortar de raíz el trabajo desarrollado durante treinta años.

Hoy viernes 9 de marzo de 2012, he decidido quitar íntegramente la ganadería por los motivos enumerados, y el lunes día 12, muy temprano, partirá desde “Encina Hermosa” a un matadero el primer camión con todos los machos de la ganadería. En el transcurso de la semana otros camiones transportarán a la tropa de vacas hasta completar los 560 animales presentes en la misma.

Decisión muy cruda, pero a la vez muy real, nos vamos en silencio, con la cabeza muy alta, con los bolsillos vacíos, pero sin ningún tipo de deuda a nadie, intentar seguir en estas circunstancias nos llevaría hacía situaciones desagradables y poco recomendables.

¡Ya sé! que a partir que desaparezca la ganadería, “Encina Hermosa” no será la misma y pensaré que treinta años se han perdido, que no he de recuperar, pero ¡también sé! que, durante los mismos he defendido siempre a capa y espada el mítico encaste COQUILLA, del que todos nos acordaremos siempre.

Pero en estos momentos tan duros me encuentro sin fuerzas, sin energías para afrontar tanto problema junto. En unos meses todo es adverso, y lo principal, criar sin saber si te lo van a comprar, esas dificultades se ciernen sobre nosotros cada vez con más fuerza.

¡Figúrense! el lunes cuando presencie la carga del camión y después mire como se aleja de “Encina Hermosa” con las ilusiones que tenía puestas en esos machos para la actual temporada, ¡verdad David y Abel que llevo razón!

El ganadero cría pensando en la plaza no en los mataderos, por tanto saber cual es su destino me entristece enormemente y si tomo está decisión es para tomarla una sola vez, conozco a ganaderos que llevan dos y tres años mandando sus camadas al matadero.

No quiero terminar sin mencionar a las distintas Asociaciones de Ganaderos, llámese Unión, Asociación, Ganaderos Unidos, etc., nos vemos hoy así los ganaderos por no cerrar el grifo de las ” altas ” a tiempo que era lo lógico y razonable.

Me van a perdonar, pero no puedo seguir escribiendo.

Les mando un cordial saludo.

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Coraje

Por Carolina Martínez

Se inclinó y con toda la fe que le cabía en el pecho, murmuró una oración de la que sólo pude percibir el leve movimiento de sus labios, entonces, por sus ojos cerrados, supe que rezaba.

Carolina Martinez

Quise dejar de mirarlo porque me apenaba su fervor. Me avergonzaba mi incredulidad, pero reconozco que su fe me conmovía. Al terminar, se levantó con parsimonia, casi con la veneración de dejar a una madre apesadumbrada por inminente peligro al que se enfrentaba el hijo más querido.

Se calzó la montera y caminó hacia el ruedo, ¿dónde se había quedado el miedo?, seguramente ahí, en cada una de las plegarias dirigidas a ese Dios que yo no veo, pero que siento en la gracia de verlo vivo otra vez.

Lo he acompañado desde que comenzó su afición, él no logra verme, pero sabe que estoy a su lado, sabe que cuando le hierve la sangre al adelantarse al toro protejo con mis manos su figura, le permito levantarse de puntillas sujetándolo de los hombros. Sabe que domino su diestra mientras el animal se pasea frente a él, furioso.

Sabe también que cuando el toro está de frente, quieto, es porque le he hablado con suavidad a la oreja, luego el animal voltea a mirarme permitiéndo al matador lucirse.

Le beso las manos mientras los nervios le recorren la piel, le he acariciado las sienes cuando parece que el cansancio ha llegado al último tercio y cuando respira, le he tocado el pecho para aliviarle la tensión.

Sabe que estoy ahí.

Prometí no dejarlo porque una vez, molesto lo abandoné. Fue entonces que sucedió. Hubiera deseado avisarle que el maldito planeaba matarlo; hubiera querido sostenerlo mientras el animal lo levantaba en el aire, hubiera querido apagarle el dolor mientras lo recogían; hubiera… pero no fue posible, entonces no pude hacer más que acompañarlo mientras lo adormecían para atenderlo, cerró los ojos y parecía más niño de lo que en realidad era, entonces le puse las manos frías en la frente para que descansara y el médico hiciera lo que tenía que hacer, cuando terminó juré no dejarlo jamás…

Cuando estoy a punto de claudicar, me fijo en la cicatriz de su pierna y me estremezco, y de nuevo estoy ahí, guiándole la diestra y sosteniendo el aire en su pecho para la última estocada.

La montera vuela. El olor de los claveles lo anuncia, comienza la faena. Lo acompaño nuevamente y estamos otra vez jugando con la muerte.

http://tingladodepalabras.blogspot.com/

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Cuando yo era antitaurino

Tengo que hacer una terrible confesión: yo fui antitaurino. Es cierto, a mis quince años fui a una protesta antitaurina por primera vez, y empecé a convertirme con el tiempo en activista antitaurino. La correría duró un año (pues luego dejó de interesarme la antitauromaquia), y ahora tengo 23, y llevo dos años amando a la Tauromaquia…

Por Julio Sanmiguel (Bogotá)

TENDIDO ABIERTO: Cuando yo era antitaurino

Pero escribo para contar lo que sé, lo que viví, lo que desaprendí en el año en que, presa de mi adolescencia, odie a morir a las corridas de toros. Como siempre, en esa edad son los amigos los que determinan en gran parte los gustos propios. Unos amigos me invitaron a una protesta antitaurina en Bogotá; como adolescente promedio, con aires de rebeldía y bobada, yo odiaba las corridas de toros y a los taurinos, pues desde siempre me había tragado la propaganda antitaurina; en esa época, yo todavía pensaba que cuando decían “dos orejas”, el torero se las había quitado a espadazos Ninja al pobre animalejo vivo. De hecho, eso me lo dijo mi amigo antitaurino que me invitó a la protesta, y aún hoy la totalidad de los antitaurinos no saben qué cosa significa “dos orejas”. Pero bueno…

Cuando llegamos a la Plaza de Bolívar, sólo vi a otros adolescentes como yo, salvo unos tres o cuatro viejos; animalistas radicales, de vieja data. Uno de ellos me puso a cargar un pendón gigante, sin siquiera pedirme el favor, donde se anunciaba que Benetton masacraba ovejas (¿?), y que comprar Benetton era pagar por la masacre de ovejas… Y mi hermano con un reloj de Benetton en casa, subsidiando el ovejicidio! Luego recorrimos la Séptima, gritando con un par de mimos cosas que no entendíamos, palabras que por primera vez oíamos (“elitista”, “voyerista”, “motosierrista”, “parasadismo”), y (ay!) por desgracia, los protestantes a mi izquierda y derecha tampoco sabían qué significaban. Total, seguimos gritando. Y mucho.

Recuerdo que así pasaron cuatro horas, insultando a los taurinos que pasaban al frente de la protesta, que se identificaban por llevar sombrero (gritábamos “se ponen sombrero, se tapan la cara”…no me pregunté cómo un sombrero puesto logra tapar una cara, pero bueno, era adolescente y antitaurino), botas de piel de animal, o porque simplemente pasaban al frente. Quedé afónico de tanto gritar con odio, y recuerdo haber sentido una extraña sensación de placer al insultar a los taurinos: cuando les gritaba asesinos, incluso pegaba saltitos como los demás, y señalaba a los taurinos con mi dedo índice bien rígido. Para un adolescente, esas vainas son muy excitantes. Luego, de esos punkeros adolescentes que empiezan su vida licenciosa de protestas y drogas en la manifestación antitaurina, antes de saltar a las protestas del Día del Trabajo, salió uno, lo recuerdo, con cresta roja y dos cachos de cartón, y empezó a tirarle piedras a la policía. Estaba tan drogado, que hasta se cayó tirando una piedra, y fue al primero que la policía detuvo, pues unos 30 antidisturbios se nos vinieron encima. Nos corretearon hasta abajo del Cementerio Central, y ahí conocí a Andrea Padilla, mujer-animal que con el tiempo empezaría a escalar posiciones en Animanaturalis, y que sacaría dinero del animalismo para graduarse de psicóloga.

Recién empezaba a ser vegana, y escupía diciendo que los taurinos eran muy poderosos, y que la policía estaba comprada. Me la presentaron, y yo, ardido por los taurinos y la policía, le dije…quiero ser activista! —Pero claro que sí!!!— me respondió. ¿Y cómo no iba a ser yo un activista, si había cargado unas 20 calles el pendón de Benetton, mientras la policía antidisturbios nos perseguía, y no lo dejé caer ni una sola vez?

Lo que sigue es el ascenso de Andreíta desde las cloacas de Animanaturalis hasta ser la líder suprema, la que hoy responde entrevistas, la que va a organizar las marchas, la que cobra dinero duro, la que lleva 8 años siendo vegana y lo pregona en toda parte, como si fuera un Cristo ante Tomás el incrédulo, y quisiera demostrar que se puede sobrevivir por 8 años sin comer carne. Yo, ni entonces ni ahora, dejé de comer carne, huevo, leche, cerdo, pero le decía a ella y al resto de activistas en nuestras reuniones de cada viernes, ¡que ni de fundas yo comía carne!.

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Ponte en la piel del toro (la peor estupidez antitaurina)

Un día los antitaurinos se aburrieron de berrear tantas vulgaridades de ramplones verduleras, porque ya tenían las bocas muy sucias como ningún humano pueda tenerla, (porque así quieran parecerse cada vez más a los animales, se tiene la seria sospecha que son humanos) y se hallaron así, en gran necesidad de expresar su indecencia; entonces uno de ellos dijo: “oh, porque no nos quitamos la ropa, nos echamos pintura roja y nos tumbamos en el suelo haciendo la forma de un Toro, así acabamos con la Tauromaquia” y ¡Plaf!, se creó “Ponte en la Piel del Toro”.

Por Francisco Sanmartín (Bogotá)

TENDIDO ABIERTO: ponte en la piel del toro

Ponte en la Piel del Toro es poco menos que un ardid de tarados; empezando, la ambigua expresión parece más el slogan de una marroquinería, una talabartería o una tienda de zapatos de cuero, cumpliendo el cometido contrario: publicitar, vender la idea de usar artículos de cuero. Además, la errónea nominación “Piel” donde sólo hay Cuero, Pelaje y Pelambre, en ningún caso epidermis. Para finalizar, la estúpida concepción de que los humanos tengamos que rebajar las mismas actuaciones que los animales, maña animalista/antitaurina, que sólo se explica a través de desordenes psíquicos de la suerte de la zoofilia o el síndrome de Diógenes. Esta actitud es conocida como un fenómeno erróneo y se llama antropologizar a los animales, esto es, o bien que los animales merezcan los mismos derechos de los humanos, o bien que los humanos se reconozcan en igualdad con los animales, cosas imposibles, como ya analizaremos.

Estaba en mora de escribir así sobre esta singular idiotez antitaurina. Mi querido Antonio Caballero se adelantó en el cometido en su columna de la Revista Arcadia llamada El Arte, donde metió baza en el tema al analizar las pobrísimas calidades visuales de la iniciativa; al respecto, en youtube un antitaurino dice: “hacemos esto para concientizar (sic) a las personas, y para demostrar que podemos hacer arte (¡!) sin lastimar a un ser vivo que sufre” y luego: “esto es un performance muy claro, recogemos el dolor del toro y formamos con nuestros cuerpos lo que han hecho de él”, etc. Ahora bien: ¿un Performance? Como estudioso del Arte, creo que la totalidad de críticos y artistas entienden por Performance un acto de Arte que simule lo que las otras ramas de la estética no pueden, al estar dentro de las paredes de museos y, sobre todo, muertas: el movimiento; un Performance tiene como calidad estética el movimiento, incluso la palabra misma significa esto: ¿Ponte en la piel del Toro es un Performance? No hay tal, son una turbamulta de fanáticos componiendo una figura mal hecha –a ese respecto leer la Columna de Antonio- en el suelo, de una manera estática, quieta, sin movimiento alguno… De hecho, la manera de componerla es caótica, no tiene ningún protocolo estético: son personas en desorden echándose en el suelo como perros y ya está. Otra cosa singular es que si ellos creen que hacen Arte con Ponte la piel del Toro, ¿por qué no va a ser Arte el Toro de verdad, el que lucha en el ruedo y al que ellos copian, con las banderillas clavadas y su gesto siempre altivo?

En sí, el acto es inane, eso es evidente, pues a nadie van a sacar de las Plazas de Toros con semejante futesa; sin embargo, lo que nos dice al respecto del carácter de los antitaurinos es muy valioso: en últimas, ellos son antitaurinos porque pretenden antropologizar al Toro, y al resto de animales, porque creen que podemos ser iguales, porque creen que la frasecita de Ghandi puede ser cierta, porque creen que la moral puede plegarse a los animales, o que la humanidad tiene que retroceder hasta quedar al mismo nivel de un tejón, un ornitorrinco, una vaca…

Lo que mal se llama Liberación Animal es realmente un movimiento errátil de personas que pregonan el respeto absoluto del hombre para con los animales: desconocen que la única relación que el hombre pueda tener con los animales es la dominación, la del poderoso sobre el sometido, idéntica relación de los animales entre ellos, (pues el lobo no se abraza ni se ayunta con la oveja, como ellos en sus fantasiosas mentes creen) y de la naturaleza misma. Es tema archisabido.

Antropologizar así a los animales es un sueño imbécil, un imposible patente, pues ni los hombres se alimentan de carroña como los buitres, ni los buitres resuelven ecuaciones de quinto grado: lo que hay entre buitre y hombre es la tácita lucha de uno contra otro por saber quién se impone. Nadie puede tener al buitre en la sala de su casa, ni el hombre vivir en las cuevas altas donde mora el buitre… ni el hombre cazando al noble animal en las inmediaciones de los aeropuertos lo irrespeta: simplemente ejerce la lógica de la naturaleza.

Los antitaurinos pueden alegar que las relaciones de respeto entre la humanidad y los animales son posibles, de hecho allí tenemos a la chusma animalista cargando perros y coleccionándolos (desorden llamado Síndrome de Diógenes, considerado por la OMS como una enfermedad mental). Claro, el hombre y el perro viven de consuno, pero ha sido porque el hombre lo domesticó al dominarlo, al negarle su naturaleza, al sacarle de los bosques y entrarlo al patio y educarlo, dominarlo por medio de la inteligencia… someterlo a su inteligencia, hacerlo seguidor de un líder… como ha demostrado la escuela conductista y la etología.

Entonces, así la doble moral animalista se duela, el hombre ha dominado a los animales de la naturaleza sólo y simplemente porque no es un animal más.
Pretender hacer lo mismo, estar en idéntica situación o sentir igual a un animal es hacerlo desde la base de la estupidez, del retroceso, de privilegiar la animalidad al raciocinio, ya no decir a la sensatez.
Cosa similar ni ocurre en las relaciones entre el hombre y animales supuestamente libres, salvajes, por ejemplo, el perro que un animalista tenga en su casa: las relaciones entre ambos no son iguales, no hay respeto, no hay paridad de dignidad, no hay Liberación del perro ni vida en libertad sino la patente dominación del amo animalista. ¿Qué sucedería si se somete al hombre a las calidades del perro? ¿De ponerse en la piel del perro? ¡Nada!, porque ni los animalistas/antitaurinos se dejan atar una cadena al cuello, ni se dejan pasear desnudos a la gana de un amo, ni se dejan sacar al parque a defecar como los perros, ni se dejan esterilizar o someter a la eutanasia ante la sobrepoblación humana, o castrar, ni se dejan aparear por un congénere que decida otro: ciertamente eso es LO QUE EL ANTITAURINO/ANIMALISTA HACE CON EL PERRO; De hacerlo con un hombre, incurriría en delitos graves: esclavitud, esterilización forzada, asesinato, vulneración de la dignidad humana, violación, trata de personas, etc. Etc. Pero, al hacerlo, como ciertamente lo hacen con el perro al vivir con él, no es contemplado como delito ni por ellos mismos, es visto como una conducta normal, o mejor, la única posible para poder convivir con el animal. Ahí la radical diferencia: si el hombre esteriliza al perro, no es delito, ni a los ojos del animalista más animalista, pero si el hombre esteriliza a otro hombre, como Hitler, como Fujimori, incurre en un delito de Lesa Humanidad ante cualquier legislación, por prosaica que sea.

Si bajo esta lógica ni ellos mismos pueden establecer una relación de igualdad con el perro: ¿por qué ha de ponerse alguien en la piel de un Toro? ¿Acaso si a alguien se le clavan banderillas, se le pica o se estoquea, cambia en algo el curso del Toro en el Ruedo? Lo Bárbaro, coinciden los intelectuales, es pretender que los hombres seamos iguales a los animales, que nos pongamos en su situación. Nadie puede hacerlo, y si lo hace, como lo hacen los dementes, es en tenor de que ya no es humano, ni ser racional…

Ponte en la piel del Toro es una intentona que incluso llega a ser acomodada: se ponen en la piel del Toro por los 20 minutos de vida en el ruedo: ¿Por qué no se ponen en la piel del Toro por los 4 años de vida palaciega que los ganaderos de lidia les dan? ¿Por qué no se ponen en la piel del Toro por el régimen de Libertad y naturaleza en el que vive, a diferencia incluso de los perros sarnosos que tanto aman? ¿Por qué no se ponen en la piel del Toro por la dignidad de su muerte, dignidad que no tienen los perros que los animalistas sacrifican con una jeringuilla cuando el can está en estado de indefensión y postración? ¿Por qué no se ponen en la piel del Toro al saber que el astado nunca sufrió de hambre, de frío, de soledad? ¿Por qué no se ponen en la piel del Toro al saber que NOSOTROS LOS AFICIONADOS financiamos con el dinero de las entradas la subsistencia de la familia del Toro, que vive en total Libertad, sin ninguna clase de explotación?

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Quiero aportar mi grano de albero

Por Emma Gonzalez-Baizan.
La vida es de color rosa capote, aunque lo veamos todo un poco negro.

TENDIDO ABIERTO: Quiero aportar mi grano de albero

Foto: José Ramón Lozano

Quieren cerrar la Monumental, pero chocan con una afición que abre la puerta grande.

Una plaza de toros es un museo, el marco de un cuadro de Goya, la inspiración de Lorca y Gerardo Diego, el lugar donde resuenan pasodobles, y el silencio es música, escenario de inolvidables faenas.

La lidia es la expresión del arte, un sueño hecho realidad, la tradición más hermosa, una poesía ineterminable.

Quiero aportar mi grano de albero a esta noble causa, invitando a reflexionar sobre el trasfondo político de esta prohibición, y echando un capote a la ILP para que la Fiesta de los Toros sea declarada Bien de Interés Cultural. Que Dios reparta suerte y #fuerzaPadilla.

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