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24 de Enero, 2012
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15 de Enero, 2012
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09 de Enero, 2012
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02 de Enero, 2012
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25 de Diciembre, 2011
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16 de Mayo, 2011
Cruzarse es la acción que supone colocarse delante de la cara del toro justo enfrente de la testud, y adelantando la posición hacia el pitón que queda por fuera, ese llamado pitón contrario.
Dicha acción supuso todo un descubrimiento, atribuido a Juan Belmonte, el cual avispadamente se percató de que los toros, al cruzarse, se desplazaban hacia afuera y no le cogían. Por contra, quedarse al hilo del pitón suponía que el toro se podía vencer al cuerpo y era necesario apartarse, ya que el toro no hacía por el engaño.
Este descubrimiento, al que algunos ya indican que El Espartero y Antonio Montes lo conocían, pero al cual Belmonte saca mayor provecho, supone servirse de las condiciones visuales del animal conociendo sus puntos débiles en la forma de percibir la visión.
Así pues, el toro al ser un animal herbívoro tiene los ojos situados en los lados, y a su vez, como debe de tomar el pasto del suelo, su visión está orientada hacia abajo, dando lugar a un punto muerto al frente, donde el toro no ve. Este punto es enfrente de la testuz, y donde al adelantar la muleta al pitón contrario, es esta tela lo que el toro ve por el ojo de ese lado, abriendo su trayectoria de forma tangente. Por el contrario, quedarse al hilo del pitón, supone quedarse dentro del campo de visión del animal con mayor peligro para la integridad del torero, y una de las causas por las que suelen llegar la mayoría de cornadas.
Atendiendo a esta condición visual del toro, se podría afirmar que cuando un torero se cruza, se defiende, y que cuando un torero se queda al hilo del pitón expone al máximo su integridad. Asimismo, el cruzarse supuso que Belmonte pudiera quedarse muy quieto en su toreo, en detrimento de lo que suponía a los otros toreros quedarse al hilo.
Pero, además de geometría, el toreo es también arte y sentimiento. El toreo debe de trasmitir, llegar al aficionado y cosquillear el alma del tendido. Por esta razón se inventó el ligar los pases, aportación que se atribuye a Chicuelo, en la faena al toro “Corchaíto” un 24 de mayo de 1928 en Madrid.
Con todo ello, tenemos las dos bases más importantes en las que se sustenta el toreo de nuestro tiempo, impulsadas por Joselito y Juan Belmonte, pero que es Manolete quien verdaderamente las lleva a su máxima capacidad.
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Pero técnicamente, el torero solo puede quedarse cruzado en el primer cite, ya que luego es imposible físicamente poder hacerlo si se quiere ligar los pases. Momento donde el torero se queda al hilo del pitón, mostrando su verdadera capacidad para llevar al toro en la muleta. Pero no solo es importante la capacidad del torero, si no también la embestida del toro, ya que si no repite el animal en su embestida, el torero se queda fuera de cacho, afeando su colocación y desdibujando el toreo que se busca.
Normalmente cuando se realizan varios pases cruzándose el torero de forma seguida, son motivados por la nula repetición del toro, y por lo tanto, no se pueden considerar como toreo ligado.
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28 de Marzo, 2011
Llegado el toro a jurisdicción es de suponer que el torero haría una especie de quiebro y manejaría el capote de un modo similar, aunque más rudimentario, que la chicuelina actual.
La verónica, que ya practicaba Costillares, fue perfeccionándose con Pepe Hillo y Paquiro, hasta que El Guerra, ejecutándola de medio perfil y jugando los brazos le dio un mayor sentido artístico.
Hoy es lance fundamental del primer tercio, armonía de técnica y sentimiento que va encauzando el brío del toro reciente de chiqueros.
Pero dejemos a Cesar Jalón “Clarito”, crítico taurino de la mitad del siglo anterior, que lo explique: “Los públicos papanatescos de la potsfiesta sabrán poco a nada de la gloria torera del capote; de esa gracia de recibir al toro recién saltado al ruedo, todo ímpetu y fiereza, coserlo a la tela de la capa y, conjugando la marcha cadenciosa de los brazos y el quiebro de la cintura, llevarlo y traerlo uncido al ala de color. Poco o nada sabrán los achicuelinados espectadores de la tauromaquia del capote que, merced al precepto belmontino, suaviza –templa– al toro de la aspereza de su primera embestida y consigue –dije una vez del capote de Márquez– que entre huracán y salga brisa, entre león y salga cordero, entre loco y salga cuerdo.
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14 de Marzo, 2011
¿Qué es parar?
Digamos que es el primer tiempo de un muletazo. Consiste en citar al toro para, a continuación, dirigirle su trayectoria. Dicho con palabras sencillas, es el instante en el que el diestro recoge al animal en su muleta calibrando de forma matemática la altura a la que debe poner el engaño y la distancia a la que debe colocarse del toro para que éste no arramble el trapo o decida no embestir. Si se coloca demasiado cerca, el toro se irá hacia el engaño por propia iniciativa. Si se está demasiado lejos, el toro no acometerá. Es básico para el torero tener los pies atornillados al suelo. El movimiento deshace.
¿Qué es mandar?
El segundo tiempo del muletazo consiste en dirigir la trayectoria del toro tirando de la muleta o el engaño. Es imponer el dominio sobre el animal. El toro debe ir donde quiere el diestro. Y dependiendo de las fuerzas del toro y de su clase en la embestida, se conseguirá un recorrido más largo del animal, algo que sin duda llegará al tendido si además ambos se ciñen en ese desplazamiento. Domingo Ortega decía: “o mandas tú o manda el toro”. Si este paso se ejecuta bien, el torero puede dejar colocado al toro para el siguiente muletazo y ligarlo sin necesidad de recomponer terrenos o variar la posición de los pies.
¿Qué es templar?
Es el tercer tiempo de una suerte. Consiste en adecuar el movimiento y la velocidad del engaño a la violencia y la velocidad con la que embiste el toro. Es quizá el paso más complicado de esta ecuación, ya que se debe conseguir que toro y muleta viajen a la misma distancia, a escasos dos palmos una de otro. Si no es así, el engaño será arrollado por demasiada cercanía de los pitones, o por el contrario, el torero sufrirá una cornada por quedar descubierto al alejar demasiado la tela. Gregorio Corrochano define el temple como un vocablo preciso que pone de acuerdo sonidos, instintos y movimientos. Se templa el toreo para buscar la armonía del movimiento. Toro y tela deben ir a uno unidos pero sin rozarse.
¿Qué es cargar la suerte?
Digamos que es desplazar todo el peso del diestro hacia la pierna que torea -si lo hace con la mano derecha, sobre la pierna derecha, y si lo hace con la izquierda, sobre la pierna izquierda- en un leve movimiento hacia delante que se debe realizar cuando el toro ya ha iniciado su marcha hacia el engaño, marcándole con él el nuevo camino a recorrer. ¿Se puede torear sin cargar la suerte? Sí, pero ya es otro concepto de la lidia.
Hoy, por desgracia, hay toreros que “descargan la suerte”, o sea desplazan la pierna hacia detrás por comodidad y para evitar riesgo.
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07 de Marzo, 2011
Admiración.
Es corriente escuchar: “yo respeto a todos los que se ponen delante de un toro”. Pues bien: respeto se debe a todos; admiración es lo que se reserva para unos cuantos, entre ellos los toreros, por el riesgo de su profesión.
Tópicos.
Los refranes son sentencias de carácter popular. La fiesta tiene los suyos: “para los toros sol y moscas”, “no hay quinto malo”, “de toros solamente saben las vacas”, “en la fiesta el más noble es el toro y le matan”, etc. Hoy son tópicos, frases manidas que no se corresponden con la fiesta actual.
Negativos.
Hay quien afirma continuamente: “las ganaderías están muy mal”, “no hay ningún relevo en los toreros”,” todo es una mafia”, “esto se acaba en quince años”. Si te cierras en lo negativo acabarás por no apreciar lo positivo, serás un “nihilista” que ahogarás tu propio disfrute.
Cándidos.
Tampoco es cuestión que aplaudas todo lo que veas por aquello que a la plaza va uno a divertirse. Hay que tener un mínimo espíritu crítico y así se puede valorar mejor, en su caso, lo que se hace bien en la plaza.
El toro.
Fíjate en el toro desde la salida y sigue su juego en la plaza: si derrota en el burladero, si se desplaza en la capa, si echa las manos por delante, si embiste más franco por uno de los pitones. Todo ello te da ya un avance de su juego en otras suertes aunque el toro puede cambiar de comportamiento en cualquier momento de la lidia.
El toreo.
No hay que obsesionarse sobre una técnica definida en el toreo. A veces hay que adelantar la muleta, otras citar con ella retrasada al toque, según se desplace el toro. En ocasiones es necesario cruzarse, otras torear al hilo, incluso utilizar el denostado “pico” si el astado se revuelve enseguida (por ejemplo los toros “zapatilleros”). El buen toreo es una sensación de conjunto, es técnica, valor y arte a la vez, y todo en armonía. Y suele apreciarse como una buena obra aunque no sepas deslindar los materiales que ha empleado para ello.
Sin vocear.
El buen aficionado no grita, no hace aspavientos, opina, acaso protesta, pero con mesura. Y, sobre todo, no insulta pues valora con seriedad y conocimiento la dificultad intrínseca para hacer el buen toreo. Y si te ha gustado la faena, saca el pañuelo (lo castizo), o airea la almohadilla (lo cómodo), pues el presidente no tiene aparato de medición para gritos y silbidos a la hora de conceder un trofeo.
La espada.
Hay quien tiene verdadera obsesión con la espada y exige una colocación casi matemática. Ten en cuenta la realización y la decisión para matar al toro, pero considerando siempre que son dos fuerzas en movimiento, toro y torero, y es muy difícil colocar la espada en lo alto y en buena dirección.
El campo.
Cuando tengas ocasión vete al campo del toro para comprobar lo difícil que es conseguir genéticamente un toro bravo de verdad y encastado. Otra cosa es que algunos no quieran el toro con casta. Y en ese campo disfruta de la belleza y el comportamiento del toro, del enigma de su bravura, y así sentirás más cuando se le disminuye su integridad.
Contraste de opiniones.
Lee alguna crítica o comentario periodístico del festejo. Así podrás contrastar lo que has apreciado con lo que han visto otros, quizás más experimentados. Y enriquece tus conocimientos cuando puedas. Ver una corrida de toros no es fácil pues todo transcurre muy deprisa, y si no, la vuelves a ver si la tienes grabada y comprobarás cuantos detalles pasan desapercibidos en directo.
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