“Ruidón”, un toro de bandera
En Cáceres, fiestas de San Fernando, se lidió una corrida-concurso en 1985. En estas corridas se procura valorar más el protagonismo del toro en el propio toreo, pues se trata de un concurso de ganaderías.
En ella, se lidió “Ruidón”, un toro de José Joaquín Moreno de Silva, de la estirpe de saltillo, una rama de vistahermosa que ocupó los primeros puestos ganaderos a finales del siglo XIX y primer tercio del siguiente. Algo que trataremos en la próxima publicación.
Aquella tarde cacereña, cuando la gente casi se estaba acomodando en los tendidos, incluso creo que llovía ligeramente, salió de los chiqueros “ Ruidón”. Le toreó Ruiz Miguel y por su bravura encastada en todos los tercios mereció el indulto, regresando a la finca con todos los laureles del triunfador, donde estuvo padreando hasta seis años después que murió.
Recibió tres varas -aspecto muy valorable a la hora de medir la bravura de un toro, sobre todo entonces- y por su codicia en banderillas, se le colocó frente al picador al final de este tercio y aun embistió otras dos veces al caballo. Fue lo que se dice un toro de bandera, excepcional, de esos que incluso bien toreados puede en algún momento desbordar al diestro por su enrazada y persistente embestida. Un espectáculo para el buen aficionado.
Hace algún tiempo, compuse estos versos, y hoy, en la dehesa, rememoro y escribo, poesía, algo inhabitual hasta ahora en este rincón taurino.
El poema se titula “Al toro indultado” y dice:
| Venga al campo, sin premura a gozar la galanura del toro bravío nuestro, que ya en su lejano ancestro fue prodigio de hermosura. |
En cielo azul y sereno va el cantueso nazareno besando verdor del prado. Al viejo toro tumbado silba el vaquero moreno. |
Aquella tarde en ruedo te vi luchar con denuedo aireando tu trapío: nunca la voz del gentío te hizo sentir el miedo. |
| Mire al toro fijamente y si el animal, de frente, levantase la cabeza verá cara de nobleza en el gesto combatiente. |
El toro se aupa lento y en pausado movimiento se va acercando al vaquero. Allí, al pie del echadero, el campero entendimiento |
Hollada fuerte la arena, llanto de albero y de pena por tu destino marcado, aquel pañuelo aireado te libró de la condena |
| Huela el aire, soledad, y goce la inmensidad del majadal verdecido y el encinar revestido de matriarcal humildad. |
susurra sones de gloria, de arrancadas y victoria de la corrida lejana y recitó en la mañana versos de vida e historia. |
Y ya, que embestiste tanto, por ti mi copa levanto festejando tu perdón: con orgullo y afición la casta, toro, te canto. |
Seguro que “Mancheguito”, toro del Marqués de Albayda, indultado en la plaza de toros de Salamanca el año 1930 en corrida concurso (el primero dado por petición popular) habrá aplaudido en su día la brava pelea de “Ruidón”, desde su inanimada estatua férrea que el ganadero plantó en su finca charra de Mozarbitos, (fotografía).
El indulto del toro bravo, que nace, se selecciona y cría para la batalla final del ruedo, es un aliciente más para estimular a los ganaderos en su difícil y atractiva labor –la base genética de la misma es muy compleja- y afianzar la importancia del toro en la fiesta que lleva su propio nombre. “Mancheguito”, “Ruidón”, el “Velador” de Victorino Martín, primer toro indultado en Las Ventas de Madrid (1982), toreado por Ortega Cano, y otros, son hitos gozosos en esta tauromaquia de la vieja Iberia.





















