Miura: Un hierro de leyenda
La verdad es que uno, que ama esta fiesta por encima de las muchas componendas negativas que la afean, siente cierto punto de emoción contenida al tomar con la mano la mítica cancela de Zahariche y abrir de par en par las puertas de la ganadería de Miura para adentrarse en un pedazo de historia del toreo, que inevitablemente ha trascendido éste para formar parte de la propia historia de España.
Marco su número de teléfono.
- ¿Don Eduardo Miura?
- Sí, ¿Quién es?
- Soy Francisco Belmonte, de CULTORO. Hemos quedado para un reportaje.
- Muy bien, abra usted la cancela y siga el camino hasta el cortijo.
La verdad es que uno, que ama esta fiesta por encima de las muchas componendas negativas que la afean, siente cierto punto de emoción contenida al tomar con la mano la mítica cancela de Zahariche y abrir de par en par las puertas de la ganadería de Miura para adentrarse en un pedazo de historia del toreo, que inevitablemente ha trascendido éste para formar parte de la propia historia de España. Así ocurrió en su día con Islero, que marcó todo un tiempo de posguerra nacional al llevarse la joven vida de Manolete, o con El Espartero, Pepete o Dominguín, grandes figuras del toreo de su tiempo que perecieron en las astas de animales nacidos y criados en esta dehesa sevillana, y que dotaron de un matiz trágico inevitable, y quizá injusto, todo aquello que después tuvo que ver con el nombre de esta casa ganadera.
Y es que el chirriar lento de las bisagras que soportan la cancela miureña, o posiblemente la contemplación perturbadora de esos tres troncos silenciosos a modo de puerta, coronados con las calaveras de dos reses muertas, dotan al lugar de un halo dramático y fatal, pero también sobrio y serio, que define la actitud de los toros que después paseamos en la dehesa.
Es evidente que no es una ganadería más. La historia, los sucesos, las vivencias intensas se adivinan en todos los rincones del cortijo, en la sencilla plaza de tientas, en las caballerizas y en los cercados que en otro tiempo pastaron otros toros, los legendarios Urcolas ya desaparecidos.
Toros con poder y sentido
La finca de los Miura impone ante todo respeto, como sus toros, y miedo a no pocos toreros que según nos refiere el ganadero llegan más blancos que la can a tentar eralas en los inviernos. En eso algo tiene que ver la definición que de ellos dio Belmonte: “Esos toros son poder y sentido”
Pero la historia de esta ganadería también está jalonada de toros bravos, de grandes gestas toreras, de tauromaquia épica, de faenas importantes que marcaron el ritmo de la Fiesta, como aquella del propio Juan Belmonte en Sevilla al toro Rabicano en 1914, aquel primero que “se dejó” tocar las astas, cosa que entristeció profundamente al ganadero.
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En Zahariche, que ocupa 600 Hectáreas del término municipal de Lora del Río (Sevilla), pastan alrededor de 550 reses de lidia, entre machos y hembras, pero también caballos de pura raza española y otros de raza anglo-árabe marcados con el segundo hierro de la casa, una T invertida, que también se coloca a los cabestros.
Es evidente que Miura es el toro, el caballo, es campo y Andalucía, pero sobre todas las cosas es una tradición familiar que impone a sus miembros unos modos de vida y unas costumbres inalterables.
Los propios ganaderos actuales, Antonio y Eduardo, son gente de campo que vive y trabaja en la propia finca y que siguen unos criterios de selección idénticos a los marcados en su día por su abuelo Antonio, que fue el que dotó al hierro de las bases con las que se ha regido hasta ahora.
En Zahariche, todos los erales se acosan en el campo, todas las vacas se tientan en la plaza, todo se anota para evitar problemas como el de la consanguinidad o el de la falta de fuerza. Hay rigor absoluto en la vacunación y en la alimentación, incluso tientan los hijos de toreros que a su vez tentaron como Pepe Luis Vázquez, que es el diestro que más toros de este hierro ha matado nunca… Hasta trabajan los hijos de los vaqueros que fueron empleados de la casa en otro tiempo. Todo está engarzado eslabón por eslabón al origen de la ganadería, por eso estos toros parecen de otro tiempo y tienen reacciones de otro tiempo; eso sí, ahora mucho más matizadas.
Víctimas mortales de los Miura
20-04-1862. Madrid. José Rodríguez Pepete murió en las astas de Jocinero. Pepete era tío abuelo de Manolete.
23-05-1875. Madrid. El banderillero Mariano Canet Llusío fue muerto por el toro Chocero que a punto estuvo de arrancarle el cuello.
27-05-1894. Madrid. El toro Perdigón se lleva la vida de Manuel García El Espartero.
15-07-1894. Sevilla. El puntillero Manuel Sánchez Criados muere en las astas de la vaca Beata.
07-10-1990. Barcelona. Domingo del Campo Dominguín muere a manos de Desertor.
18-08-1907. Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Agujeto da muerte al novillero Fausto Posada.
15-08-1921. San Sebastián. El toro Arruceto mata al banderillero Emilio Moreno Moreno de Valencia
21-05-1929. Écija (Sevilla). Resulta muerto el novillero Pedro Carreño.
28-08-1947. Linares (Jáen). Islero hiere de muerte a Manuel Rodríguez Manolete.























