Revista digital cultural taurina

Vicente Barrera

Cae la tarde sobre Valencia y algunos chavales de la Escuela Taurina aún se estiran de muleta antes de que la jornada torera se dé por finiquitada.

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Vicente Barrera acude a su cita y entre miradas de soslayo y gestos de admiración iniciamos la charla a los pies de la puerta de chiqueros del mítico coso de Játiva.

Un torero nada convencional. Digamos que llegó a la tauromaquia casi por casualidad, aunque curiosamente sí hay una tradición familiar determinante en su vocación taurómaca.

Pues es verdad. Hasta ser ya jovencito no me había interesado ni lo más mínimo por los toros. Todo cambió cuando mi abuelo José me llevó a ver un festejo de rejones en la plaza de Valencia. Fuimos más por los caballos que por los toros en sí, ya que a ambos nos apasionaba el mundo de la equitación. Aquella tarde descubrí el toro y su universo. Fue fascinante. Fue entonces también cuando comencé a interesarme por el toreo y descubrí lo grande que había sido mi abuelo allá por los años treinta.

Pero su familia no ha sido muy partidaria de su profesión. ¿Por qué?

No es que fueran o no partidarios. Simplemente no sentían ninguna afinidad con el espectáculo de los toros y apenas tenían afición. Seguramente esto fue así por el hecho de que mi abuelo Vicente muriera muy joven y quizá no les transmitiera su pasión por la tauromaquia.

Usted ha cruzado a hombros la Puerta del Príncipe de Sevilla. Su abuelo se negó a torear en esa plaza como matador por una bronca injusta. Siempre me he preguntado si aquella tarde de su gran triunfo novillero, sintió cierto aire de venganza familiar por haber visto resarcido el honor mancillado de su abuelo allá por los años 30.

Es curioso pero el destino a veces tiene caprichos que uno los atribuye sin duda a la casualidad, como no podía ser de otra forma. En esa tarde de mi triunfo en Sevilla se cumplían setenta años de la última actuación de mi abuelo en la Maestranza. Luego decidió no volver a vestirse de luces allí. Fue su decisión. En cualquier caso yo sólo sentía una felicidad inmensa viéndome a hombros bajo la Puerta del Príncipe. Ni por un momento pensé en lo que me dices.

¿Esa tarde es su mejor recuerdo en los ruedos, al margen de la alternativa?

Fue muy importante pero hay tardes en otras plazas relevantes que también me han llenado mucho. No sabría determinar una sobre las demás.

Quince años como matador de toros. Mirando atrás ¿qué tiene uno en el tintero?

Madrid es mi ilusión, mi cuenta pendiente. Me hubiera encantado haber conseguido un triunfo importante en Las Ventas, algo que estuve a punto de conseguir pero el fallo con la espada me privó de cortar dos orejas y salir a hombros.

¿Cómo se ve Vicente Barrera fuera de los ruedos?

Como sabes yo tengo la carrera de Derecho y gestiono mis negocios y algunas inversiones. Supongo que por ahí ira mi destino. Pero lo que tengo claro es que nunca estaré desvinculado de la fiesta de los toros, aunque sólo sea como aficionado.

Variemos el aire de la entrevista. ¿Su toreo está más cerca de José Tomás o de Enrique Ponce?

No me puedo comparar con toreros tan extraordinarios y la verdad es que no sé qué decir. Quizá como filosofía de faena me acerque algo más a José Tomás, aunque como te digo ambos nombres son palabras mayores.

Y su competencia con Enrique Ponce es verdadera o ficticia. Al fin y al cabo son ambos valencianos y en la plaza sí se ha visto cierto pique siempre.

Es imposible compararse y rivalizar con Enrique Ponce. Él está por encima del bien y del mal. Fíjate que en ocasiones, toreando con él, yo he salido a hombros en solitario de Valencia y lo he visto alegrarse por mí. ¿Cómo compites con eso? Además Ponce tiene las temporadas hechas y cinco tardes sin un triunfo no significan nada para él. La premura la he podido sentir yo. Es evidente que existe un escalón entre ambos.

¿Si no hubiera sido torero, qué le hubiera gustado ser?

Yo estudié la carrera de derecho. Quizá hubiera ejercido esa actividad si no se hubieran cruzado los toros por mi camino; o incluso hubiera preparado alguna oposición, ya que me gusta mucho estudiar. No lo sé, sinceramente.

Le pregunto ahora al abogado. ¿La fiesta de los toros tiene defensa?

A la fiesta de los toros no hay por qué defenderla, de hecho siempre me he negado a comparecer en esos programas de toros sí, toros no. No entiendo que nadie pueda sentar en el banquillo de los acusados a una tradición tan digna y noble como es la tauromaquia.

Pero dígame como afrontaría su defensa en un juicio sumarísimo contra ella

Pues existen muchísimos argumentos racionales e irracionales que justifican la pervivencia de un espectáculo tan antiguo como son los toros. No voy a recurrir a tópicos como el de la pervivencia de una especie, etc. Lo que sí tengo claro es que los antis están completamente equivocados y demuestran mucha incultura al tratar el tema de los toros. Es como si contemplas un cuadro de Picasso y dices eso tan manido de que esas rayas las pinta tu hijo. Eso es una forma de incultura, y por otro lado resulta hipócrita criticar la tauromaquia y a la vez comer un lechal o lucir un bolso de piel sobre el brazo. Los toros tienen la muerte más digna y noble del reino animal. Mueren luchando aunque eso algunos no lo entiendan.


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