Revista digital cultural taurina

“El Viti Nunca me dejó dormir”

Sentarse a la vera de un personaje ilustre del toreo como sin duda es Santiago Martín El Viti, y escuchar embelesado la hondura de su verbo, matizada de una sencillez y humildad impropia de quien es historia grande de la tauromaquia, se me antoja un privilegio inaccesible, si además se nos brinda como escenario de nuestra apasionada charla el salón de la propia vivienda del maestro.

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Santiago Martín “El Viti”

Su Majestad, que así es como a usted le tiene consignado la historia, ¿se echa de menos torear tras tantos años apartado de los ruedos?

Añoranza siempre hay, no lo voy a negar, pero existe un sentimiento superior que te relaja el espíritu y te apacigua el ánimo, cual es asumir con conformidad la realidad de las cosas. Yo además, y te parecerá extraño, me siento siempre participe de las faenas que presencio. Nunca las enjuicio, porque las siento como mías desde el momento en el que estudio al toro, analizo su comportamiento y me expongo los razonamientos técnicos y estéticos que yo utilizaría para acortar la gran distancia que siempre existe hacia el que te está observando. ¡Qué difícil es comunicar con el público! Es evidente que tú no eres parte de lo que estás observando pero a mi me sirve para disfrutar del toreo.

Pero qué daría por volver a vestir el traje de luces

Yo empecé a torear porque sentí la necesidad vital de hacerlo. Lo dejé cuando sentí que había llegado mi hora. Verás, esta profesión la elegí para expresarme como ser humano y desarrollarme como tal. No conocía otra forma para poder hacerlo. Por eso, fui genuinamente libre para iniciarla y lo fui también para concluirla, como la misma vida, que la tienes mientras dura. Además, el toreo está imbuido de un halo de poder y mando del que no eres ajeno y por el que los públicos te admiran. Que te manden debe ser horroroso, tanto como escuchar la palabra pobrecito. Si eso tiene que llegar, es mejor dejarlo.

Usted forma parte de una generación de toreros genial. ¿Cómo asimila uno saberse historia grande del toreo?

No hay factura de eso que tú llamas saberse historia grande del toreo. Fíjate que yo ahora admiro mucho a los toreros de este tiempo porque además de superar las dificultades propias de su profesión, que son muchas, deben sobrepasar y trascender el gran abismo que existe entre ellos y la sociedad actual, que tiende a alejarse y a hacerse más fría. La sociedad de mi tiempo era más apasionada en los ruedos, quizá más ingenua en algún sentido pero juzgaba más y mejor. Hoy los públicos están mucho más dirigidos, y no me refiero solo al toreo sino a la propia vida. Tiene mucho mérito mantener viva la llama de nuestra profesión y conectar con las gentes en este tiempo, sobre todo porque la pasión, hoy en día, apenas es cultivada por la gente. Ni siquiera por la crítica taurina, que en mis años en activo era más apasionada, incluso exacerbada. Traspasar todo esto y tocar los sentimientos de la gente tiene muchísimo mérito.

Comparando generaciones. ¿Qué diferencias hay entre el toro actual y el de su tiempo?

La verdad es que el toro de entonces no era ni mejor ni peor que el de ahora, pero eso sí, tenía unas características que lo hacían distinto. La fundamental era la acometividad, que era mayor a la del toro actual. Hoy es más dócil, no tiene tanta pujanza y le falta movilidad; sin embargo, en su conjunto el toro de este momento es más toro.

“A valor no iba a ganar nunca a esa gente, porque ellos se pasaban los pitones de un miura por el culo con un periódico”
“Conmover y emocionar con una muleta en la mano solo está reservado a muy pocos seres”

¿Qué es para usted ser torero?

Te contaré una anécdota. Toreando en Pamplona, un diestro importante del que no voy a darte el nombre acabó su faena y venía llorando hacia el burladero. Renegaba y abominaba de la afición pamplonica porque, según él, no habían valorado el hecho de que se hubiera jugado la vida. Lo calmé y ya en el hotel le comenté algo que lo acompañó para siempre. Le dije que a valor no iba a ganar nunca a esa gente porque todos esos que habían estado cantando y bailando durante su faena se pasaban los pitones de un miura por el culo con un periódico como única defensa. Pero le dije también que lo que nunca podrían hacer, porque eso solo está reservado a muy pocos seres, era conmover y emocionar su corazón con una muleta en la mano. Lo tuvo siempre presente.

Con qué torero actual se identifica y cual es equiparable al de su propio concepto

Nunca vi toreros parecidos. Todos somos genuinos en alguna medida. Tampoco he admirado a un torero en particular y ni siquiera a una forma concreta de expresarse ante la cara del toro. La verdad es que siempre admiré a todos, incluso a un alemán al que le gustaba torear. Este hombre no hacía más que hablar maravillas de mí hasta que un día le transmití mi consideración hacia él. Tenía unas cualidades distintas a las mías con las que debía luchar para expresarse como torero. Yo pensaba: si él con tan poco equipaje hacía eso, qué tenía que hacer yo, con mejores cualidades, para alcanzar la proporción de su medida. Por respetar y admirar a todos los toreros tuve incluso grandes discusiones con profesionales de mi tiempo. Había un torero al que consideraba un fuera de serie. Me lo discutían algunos compañeros y siempre contestaba que el público lo admiraba profundamente por alguna razón y que el público no regala nunca nada a nadie…

Santiago Martín “El Viti” en su casa

¿Habla usted de Manuel Benítez El Cordobés?

Por ejemplo. Manolo me decía a mí: al único que respeto y admiro es a ti, Santiago, porque tú me guardas la misma consideración. Es obvio que nos obligaba a arrimarnos mucho y había quien no lo admitía. Yo a veces oía decir que ese no está dentro del marco y los parámetros de lo clásico. ¿Qué marco?, me preguntaba. Y si en vez de un cuadrilátero para el marco ponemos un hexágono. ¿Es peor? El sentido del toreo es universal y además, fíjate, todos somos una copia, una repetición de lo anterior. Matizada, enmendada, modificada, personalizada si tú quieres, pero una copia de lo ya inventado.

Habla usted como aficionado, no como matador. ¿Cómo entiende la afición a los toros?

Creo que aquel aficionado que sea fiel al toreo muchos años, lo es porque sin duda es aficionado a los toros, que es muy distinto de ser aficionado a un torero. Es cierto que te puedes enganchar a determinado espada pero el toreo es mucho más trascendente que un hombre solo. En una ocasión, un conocido mío comentó cómo desde la muerte de Manolete no había vuelto a ver torear. Evidentemente este hombre era aficionado a Manolete, no a los toros.

¿Cómo es el Viti aficionado?

El aficionado es Santiago Martín. A mí El Viti nunca me dejó dormir. Nunca estuve contento con él, siempre me pareció imperfecto a pesar de haber triunfado en muchos lugares. Lo digo sinceramente. Terminaba mis faenas y ya en el hotel repasaba y repasaba mi actuación sin encontrar el sosiego de saber que tu obra ha sido importante. Me veía muchos defectos.

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