La Tauromaquia
La tauromaquia como habilidad de lidiar toros se puede remontar hasta tiempos de la mismísima antigüedad. Por esos tiempos esta práctica solía estar orientada a ritos de valentía.
Evolucionando en el tiempo, la tauromaquia en la Edad Media se vincula esencialmente a la práctica del lanceo de toros. Éstos juegos de recreo estaban protagonizados por la nobleza, y no estaban exentos de riesgo cuando se daban en espacios públicos y abiertos. Los animales heridos podían arremeter contra el público que estaba delimitando el espacio abierto.
Estos lanceos evolucionaron durante el siglo XVI hasta adquirir un tinte más próximo a lo que se entendería hoy como corrida de rejoneo. Protagonizados por la realeza, estos nobles utilizaban a sus sirvientes para distraer a la res mientras se cambiaban de cabalgadura o para apartarla en caso de percance.
Estas intervenciones fueron adquiriendo mayor protagonismo y estética, y cada vez tomaron mayor relevancia hasta el punto que a veces mataban los toros si los de a caballo no podían.
Poco a poco empezaron a aparecer nombres entre estos “toreros de a pie”, motivado en gran medida no solo por el valor o la destreza, si no también por la simpatía que despertaban al ser parte del mismo pueblo y no de la alta sociedad de aquella época. El El gusto del público se inclinó sucesivamente por el toreo a pie, y en el siglo XVIII se asentaron las bases de lo que hoy se podría considerar como toreo moderno.



















